Dos temas de actualidad

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José Obdulio Gaviria*                                                                            

(1) “MADURO CAYÓ Y NO FUE EL CAOS

La salida dramática del poder de Nicolás Maduro evoca a El Príncipe y Los Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, de Nicolás Maquiavelo.

El régimen colapsó sin el caos esperado. Lo que comenzó como una serie de contactos discretos entre la vicepresidenta Delcy Rodríguez, la CIA y el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, culminó en la captura de Maduro y su esposa Cilia Flores por fuerzas estadounidenses, lo que marca el fin de una era de autoritarismo chavista e ilustra cómo los consejos de dividir al enemigo, usar la astucia sobre la fuerza bruta y mantener el control a través de transiciones calculadas han sido aplicados con precisión quirúrgica.

Es creíble que Rodríguez facilitó información crítica a los estadounidenses, incluyendo detalles sobre el búnker residencial de Maduro. Fotografías muestran un refugio palaciego subterráneo, protegido por una guardia elite compuesta íntegramente por combatientes cubanos. Este fue el escenario de un asalto donde cayeron 32 de ellos, honrados como héroes por el gobierno de Cuba. En contraste, las bajas venezolanas fueron mínimas, lo que sugiere una resistencia selectiva y posiblemente una traición interna que evitó un derramamiento de sangre mayor.

Marco Rubio emerge como el arquitecto principal de esta operación, guiando el escenario hacia la caída inevitable de Maduro sin desencadenar el “levantamiento popular” que este y Diosdado Cabello anhelaban para justificar una represión masiva.

Rubio, siguiendo el consejo de Maquiavelo de que “es mejor ser temido que amado, pero no odiado”, “anestesió” al chavismo progresivamente: sanciones económicas, presiones diplomáticas y ofertas de inmunidad diluyeron su ímpetu homicida, evitando una reacción violenta que podría haber unido a sus seguidores.

La paciente política de Rubio dejó claro que lo que conviene a Venezuela es recuperar la industria petrolera, destruida por la corrupción e incapacidad del chavismo, y que esto lo hará la mejor capacidad empresarial del mundo: la norteamericana, en un juego donde todos ganan, no como la cultura socialista donde solo prosperan los corruptos jefes del partido único.

Maquiavelo enfatiza la importancia de dividir al enemigo para conquistarlo; aquí, los EE.UU. aplicaron esta receta al expandir la tesis de que Rodríguez “entregó” a Maduro, sembrando desconfianza dentro del propio chavismo.

Contrario a las expectativas globales de una instalación inmediata de Edmundo y María Corina  —líderes de la oposición con amplio apoyo popular—, los EE.UU. optaron por humillar y amilanar al régimen instalando a la marxista Rodríguez como presidenta interina para una transición incruenta, aunque no pacífica. Esta movida prioriza la estabilidad sobre la ideología, obligando a Rodríguez a cooperar bajo amenaza de mayores sanciones, como lo advirtió Rubio: “Pagará un precio mayor si no hace lo correcto”.

Un video viral del primer consejo de ministros muestra a Diosdado Cabello y sus aliados visiblemente “aculillados” —sumisos y desmoralizados—, un símbolo de cómo el chavismo ha sido desarmado internamente. Ya se habla de la reconstrucción de la infraestructura, una tarea de la que es incapaz la chavista Delcy Rodríguez, pero que sí podrá liderar con eficacia la liberal María Corina Machado, restaurando carreteras, puertos y servicios públicos colapsados bajo décadas de negligencia.

Especulando hacia el futuro, el chavismo —ya políticamente vencido— podría verse desbordado por una ola democrática en meses. El papel magnífico que puede cumplir en la nueva Venezuela el empresariado colombiano, al que los venezolanos esperan con los brazos abiertos, será clave para revitalizar la economía, aprovechando la proximidad cultural y geográfica.

Corresponde a la fuerza pública colombiana estar en acuartelamiento de primer grado frente al ELN y las FARC, que actuaban como fuerzas paramilitares del régimen de Maduro y la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Las redes guerrilleras sostenían el autoritarismo y la corrupción transfronteriza y es seguro que ahora intentarán reasentarse íntegramente en Colombia.

El complemento ideal para el triunfo de una política global sería el triunfo en Colombia de un candidato presidencial serio y poderoso que, al reconstruir su nación tras el paso arrasardor de Petro por la presidencia, complemente la visión de Marco Rubio, generando el mayor ímpetu de crecimiento y riqueza que hayan vivido nunca Colombia y Venezuela.

Con elecciones libres en el horizonte, María Corina podría posesionarse como presidenta con el mayor apoyo electoral en América Latina, restaurando la institucionalidad y cerrando el ciclo de división maquiavélica con una unificación bajo principios republicanos. Sin embargo, el riesgo persiste: si la transición falla, Venezuela podría caer en un vacío de poder, recordándonos la advertencia de Maquiavelo de que “los hombres olvidan más fácilmente la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio”. El verdadero desafío comienza ahora.” (Enero 5)

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(2) “PETRO Y LA ESTAFA DEL SALARIO MÍNIMO

Decretar un aumento de salario mínimo del 23,7% fue un acto de garulería económica, de temeridad política y de un ‘valeverguismo’ histórico de tipos a los que les importa un comino lo que le pase al país cuando ellos abandonen la Casa de Nariño.

Los precios (incluidos los salarios) son señales espontáneas que coordinan la oferta y la demanda. Petro y Sanguino decidieron entrar como unos cuatreros a distorsionar el cálculo económico producto de la acción humana, llevando a consecuencias requetesabidas: desempleo, inflación acelerada y empobrecimiento general.

A los colombianos nos tocó hoy socialismo y keynesianismo puro y duro. Una fórmula  que quebró a una potencia económica como lo era Argentina. Si se incorpora la inflación de 2025 (acumulada en torno al 5,2%) y las proyecciones para 2026 (alrededor del 4,5% antes del decreto suicida), aumentar un 23,7% el salario mínimo es como emborrachar a los trabajadores para que gocen una fiesta que tendrán que pagar con hiperinflación.

Petro no está improvisando. Hace lo que ya hicieron Chávez en Venezuela y Allende en Chile. ¡Un desastre! Ambos precipitaron colapsos económicos aterradores.

Distorsionar el mercado laboral es sinónimo de desempleo. De por sí, el salario mínimo no es un piso benévolo, sino un precio mínimo impuesto que excluye a trabajadores cuya productividad marginal no justifique el nuevo costo. En nuestro caso, un aumento del 23,7% para 2026 supera con creces la inflación de 2025 y las expectativas para 2026.

Es un incremento real del 19% que obliga a las empresas —especialmente pymes y sectores informales, que emplean a más del 50% de la fuerza laboral colombiana— a absorber costos que no pueden transferir íntegramente a los precios sin perder competitividad.

El resultado es predecible: desempleo estructural. Muchas empresas pequeñas y micro cerrarán o reducirán horas, despidiendo a trabajadores de baja cualificación, muchos centros comerciales, hoteles, empresas de vigilancia y parqueaderos despedirán trabajadores y los reemplazarán con tecnología. El servicio doméstico será un lujo para ricos verdaderamente ricos.

Recordemos: en Venezuela, Chávez decretó aumentos salariales acumulativos del 20-40% anual entre 1999 y 2013, lo que inicialmente pareció “justicia social” pero destruyó el tejido productivo: el desempleo subió del 10% al 20%, mientras la informalidad explotó y la economía se contrajo en un 60% del PIB per cápita.

En Colombia veremos inflación y espiral de costos. Eso es irremediable. Es el ciclo vicioso: obligan a pagar mayores salarios por decreto, con lo que elevan costos de producción, que se trasladan a precios, erosionando el poder adquisitivo y requiriendo más intervenciones.

Petro es tan insensato que hasta está proponiendo acabar con la independencia del Banco de la República, con la regla fiscal, y se va a venir con una cascada tributaria a través de decretos de emergencia económica.

Si Petro recurre a más gasto público o emisión monetaria para “compensar” (como ordena el manual keynesiano), el ciclo se acelerará, erosionando la confianza en el peso y atrayendo presiones devaluatorias. Va a haber reducción de la inversión y se estancará el crecimiento. La incertidumbre generada por intervenciones tan arbitrarias disuade la inversión privada, clave para el crecimiento.

Colombia, con crecimiento ya anémico, va a ver estancar el PIB en 2026, agravando el déficit fiscal y dependencia de deuda. ¡Lo veremos! Este intervencionismo “progre” no va a “corregir desigualdades” sino que va a generar una igualación por lo bajo: la clase media se va a igualar con los pobres.

Colombia podría evitar la suerte de Venezuela respetando el libre mercado, pero bajo Petro, el camino parece encaminado a repetir debacles ya vividas y sufridas por otros.

Reconociendo la gravedad de la situación, me atrevo a pensar que no todo está perdido. Todavía hay jueces en Berlín, como dijo el campesino sometido a las arbitrariedades de Federico el Grande: están la Corte Constitucional y el Consejo de Estado para poner en cintura al ejecutivo en los siete meses que le faltan; y los ciudadanos podemos derrotar a los comunistas en las elecciones de congreso en marzo y en las presidenciales en mayo y junio.

Si no, ¡apague y vámonos!” (Diciembre 30 de 2025)

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* Publicados en su cuenta de X (@JOSEOBDULIO).

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