La lucha de clases que aún sostiene a Petro

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La lucha de clases que aún sostiene a Petro

Carolina Restrepo Cañavera                                                                                                

“En Colombia no gobierna solo Gustavo Petro: gobierna un relato. El del país partido entre buenos pobres y malos ricos, entre “pueblo” y “oligarquía”. Ese cuento sencillo y emocional es lo que todavía sostiene su favorabilidad más que cualquier resultado de gobierno. Cada vez que la realidad lo arrincona, inflación, gasolina, falta de ejecución, improvisación fiscal, hospitales en crisis, la explicación no está en la incompetencia, sino en “los poderosos” que no lo dejan gobernar. La lucha de clases es su seguro narrativo: un enemigo abstracto que siempre sirve, una coartada perfecta que nunca se agota.

El petrismo no se sostiene en un programa técnico consistente, sino en un marco moral: si usted se siente perdedor del sistema, el presidente se presenta como su vocero natural, aunque sus políticas no mejoren su vida. La oposición ha cometido el error de discutir al detalle las cifras, las reformas, los decretos, pero casi nunca discute el relato de fondo que les da legitimidad. Critican el déficit, la reforma mal hecha, la improvisación, pero dejan intacta la idea base: que el Estado, cuando dice hablar por “los pobres”, es moralmente superior a cualquier empresario, comerciante o contribuyente. Mientras ese marco siga intacto, Petro puede fracasar en la ejecución y seguir ganando terreno en el plano simbólico.

Por eso, si alguien quiere disputarle el poder al petrismo, no basta con demostrar que los números no cuadran; hay que desmontar la mentira estructural detrás de su lucha de clases. No, no todos los empresarios son privilegiados sin mérito; no, no todo el que tiene patrimonio es sospechoso; no, el Estado no es automáticamente “el bueno del cuento” solo porque reparte subsidios; no, quien más grita “pueblo” es necesariamente quien mejor lo defiende. En un país donde el 96 % de las empresas son micro y pequeñas, seguir hablando de “los ricos” como si fueran cien familias no es justicia social: es manipulación emocional. Y mientras tanto, los nuevos ricos del contrato público y de la burocracia clientelista se hacen pasar por redentores de los de abajo.

La verdadera fractura que Colombia necesita reconocer no es entre pobres y ricos, sino entre ciudadanos que producen, pagan impuestos y cumplen la ley, y un Estado que muchas veces malgasta, politiza y captura el presupuesto en nombre de la “justicia social”. El día que dejemos de tragarnos sin crítica el libreto de la lucha de clases, la narrativa de Petro empezará a desnudarse: quedará claro que no estamos ante un gobierno de los pobres contra los ricos, sino ante una élite política que usa a los pobres como escudo moral mientras destruye las condiciones para que haya empleo, inversión y movilidad social real. Esa es la discusión que falta dar, y es ahí donde hay que atacar.” (Diciembre 1)

* Publicado en su cuenta de X (@carorestrepocan).

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