El otoño del candidato tibio

Home Opinión Otras opiniones El otoño del candidato tibio
El otoño del candidato tibio

Martin Eduardo Botero                                                                                      

Post

Ver posts nuevos

Conversación

Martin Eduardo Botero

@boteroitaly

El otoño del candidato tibio

En estos días asistimos a un curioso ejercicio de autoengaño colectivo: elevar a protagonista de la historia a un personaje secundario. A Fajardo, que no supera el 8–9 % en intención de voto, se le trata como si fuera el eje del drama nacional. Programas enteros discuten su menú de vetos y coqueterías: que jamás se uniría a Abelardo, que quizá sí a Cepeda, que no descarta tal alianza, que acaso en segunda vuelta… Un ballet de hipótesis alrededor de un dato brutalmente simple: con esos números, no entra a la verdadera partida.

Hay algo muy colombiano en esta insistencia. La vieja élite progresista se aferra a Fajardo como quien guarda la foto amarillenta de un amor juvenil: ya no cambia nada, pero consuela. Mientras tanto, el país real ha movido sus fichas en otra dirección: el duelo central se perfila entre el heredero del régimen y la opción de ruptura que encarna De la Espriella. El resto es ruido de cubículo: consultores, columnistas y estrategas que necesitan mantener vivo a un candidato en tiempo de descuento para no admitir que el mapa ha cambiado sin pedirles permiso.

Seguir dedicando horas de radio y ríos de tinta a las dudas existenciales de Fajardo no es análisis: es publicidad gratuita para una carrera que se apaga. Si decide irse a ver ballenas o terminar abrazado al petrismo, será su epílogo personal, no el destino de la República. La elección verdadera se juega en otro tablero, más simple y más cruel: continuidad o ruptura. Todo lo demás son personajes que se niegan a abandonar la escena cuando las luces del teatro ya se han apagado.

Amen

Cita

Jerome

@SoyJerome__

·

3h

A esta hora en Blu Radio Fajardo dice que si no llega a 2da vuelta, “se acabó la campaña”.

Pero deja claro que nunca se uniría a Abelardo mientras evade responder sobre una posible unión con Iván Cepeda.

O se va a ver ballenas (otra vez) o apoya al petrismo.

Qué tristeza.

9:09 a. m. · 2 dic. 2025

·

———–

Post

Ver posts nuevos

Conversación

Martin Eduardo Botero

@boteroitaly

EDITORIAL

El fenómeno De la Espriella: el candidato que el sistema quería borrar y el pueblo convirtió en opción

En política, tres meses suelen servir para poner vallas, comprar encuestas amistosas y negociar puestos futuros. No alcanzan —en teoría— para cambiar el mapa electoral de un país. Sin embargo, en Colombia pasó algo que las élites no estaban preparadas para ver: Abelardo De La Espriella, abogado sin partido tradicional, que se paga su propia campaña, se convirtió en la principal opción del centro–derecha y en el único antagonista real del heredero de Petro.

No lo empuja una maquinaria; lo empuja algo mucho más elemental: la intuición del pueblo de que si todo el sistema quiere verlo fuera del juego, es precisamente porque no le pertenece a ese sistema.

En apenas tres meses, Abelardo De La Espriella ha dejado atrás a toda una generación de políticos curtidos: exalcaldes, exministros, ex–candidatos presidenciales, todos con años de pantalla, maquinarias aceitadísimas y chequeras ajenas. Ellos llegan con partido, caciques y padrinos; él llega sin ninguno de los tres. Y aun así está segundo, solo, a menos de diez puntos del heredero del régimen.

· Ha superado a figuras con veinte años de televisión.

· Se ha colocado como el único rival serio del proyecto Petro–Cepeda.

· Se financia sin deberle la presidencia a una banca de contratistas.

· Y, sobre todo, ha roto el monopolio del relato: por primera vez, el discurso de orden, Constitución y alianza con Occidente no sale de boca de los mismos que ya gobernaron y fracasaron, sino de alguien que viene de fuera del club.

Eso no es marketing; es un síntoma. Y, sobre todo, es un mensaje claro de fondo: el país le está diciendo a la élite política que no quiere más de lo mismo con otra etiqueta, y ha encontrado en De La Espriella el vehículo de esa ruptura.

Las élites, en su miopía, creen que pueden gestionar este fenómeno: absorberlo, neutralizarlo, integrarlo en un acuerdo. No entienden que lo que lo hace crecer es precisamente su distancia del sistema que pretende domesticarlo.

El problema es que el pueblo no está leyendo el guion que escriben los consultores del sistema. Lo que ve es otra cosa:

· ve a un candidato al que atacan desde el régimen y desde la oposición tradicional,

· ve encuestas “creativas” que intentan vender como favorito a alguien con menos del 9%,

· ve a los políticos de toda la vida explicando por qué el único que no les debe nada es “muy peligroso”.

Y en ese espejo, el mensaje se invierte:

cada ataque desde arriba refuerza la idea de que abajo hay algo distinto.

El fenómeno De La Espriella no consiste solo en marcar un 18,2 % en una lámina de Invamer; consiste en haber demostrado que el voto de opinión puede reorganizarse en torno a un solo nombre, por fuera de los circuitos tradicionales.

Lo que viene ahora ya no depende tanto de los partidos como del grado de conciencia del electorado:

· si cada inconforme insiste en votar por su candidato “puro” del 1–3 %, el sistema respirará aliviado;

· si el electorado entiende que la única forma de castigar de verdad al régimen es concentrar el voto en Abelardo, el juego cambia por completo.

Y aquí aparece la paradoja final, muy a la manera de Scalfari:

las mismas élites que quisieran desaparecer a Abelardo De La Espriella son las que, con cada ataque, cada encuesta amañada y cada gesto de desprecio, lo legitiman como el verdadero adversario del régimen.

Porque en política hay una regla no escrita:

cuando todo el sistema te señala como problema, es que, por primera vez en mucho tiempo, el pueblo ha encontrado una solución que no pasa por ellos.

Amen

11:32 a. m. · 1 dic. 2025

·

Leave a Reply

Your email address will not be published.