
Iván Tabares Marín
Antonella Marty (1992) es una joven politóloga argentina autora de un adefesio titulado La Nueva Derecha (2025), subtitulado “qué es, qué defiende y por qué representa una amenaza para nuestras democracias” Su precio en librerías es $120.000 y, en su versión virtual, $ 50.000. Toda una estafa. Desde la revisión de la muestra me enteré de que se trataba de un libro mediocre, pero lo leí por mi compromiso con la comunidad, aunque se me hizo insoportable.
Si quisiera señalar su principal defecto, lo resumo en lo que Jean-François Revel llamaba “amalgama, definida como un procedimiento que consiste en acusaros de aprobar el conjunto de las ideas y los actos de un personaje o de un partido, por odioso que sea, porque resulta que vuestras opiniones coinciden con las suyas en un punto particular”.
Ella acusa a toda la derecha de pensar y actuar como Donald Trump e incluye en esa derecha a Nicolás Maduro, Hugo Chávez, Evo-que-no-lee, Daniel Ortega, Rafael Correa y otros populistas de la izquierda latinoamericana, pero ignora a Gustavo Petro. Obviamente su diatriba se dirige, además de Trump, a los líderes de la derecha que empiezan a dominar en Europa: Santiago Abascal en España, Marine Le Pen en Francia, Giorgia Meloni en Italia, Víktor Orbán en Hungría; en Latinoamérica, su ataque se centra en Javier Milei y Nayib Bukele.
Antonella hace eso porque tales mandatarios se han opuesto a la ideología que ella defiende: el wokismo, el enfoque de género, la hegemonía identitaria, el racismo ideológico y la izquierda posmoderna del género no binario, e impulsa la legalización del aborto y del incesto.
Otra forma de amalgama del libro consiste en atribuir a toda la derecha el fundamentalismo de los grupos radicales cristianos —católicos y evangélicos— de Estados Unidos. Sus críticas a la religión son reiteradas a todo lo largo del texto con barbaridades como considerar que, si Jesucristo existiera, sería militante del movimiento Woke y un “zurdo de mierda”, según la expresión de Milei.
Es evidente la ignorancia de la politóloga: “Hoy en día, es la nueva derecha la que, de algún modo, ha monopolizado los populismos”; ningún movimiento de izquierda es populista. ¿Qué tal? Por otro lado, los defectos que tradicionalmente se le han señalado a la izquierda, los acomoda a la derecha porque en algunos de ellos ha incurrido Donald Trump: crear una nueva lengua para engañar sus votantes, abusar de las redes sociales con millares de bodegas pagadas con dineros estatales, inventar teorías de la conspiración, “crear” un “enemigo” para fundamentar una campaña política —como hicieron los nazis con los judíos y el Pacto Histórico con el expresidente Álvaro Uribe Vélez— según la estrategia política de Carl Schmitt, asesor de Hitler.
En fin, el repunte de la derecha en todo el mundo surge contra el afán destructor de la izquierda y, en definitiva, la derecha defiende identidades (nacionalidad, religión, democracia y la identidad de género condicionada por la biología), y la izquierda busca abolirlas.
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