Emiro Sandoval Huertas

Home Opinión Columnistas Regionales Emiro Sandoval Huertas
Emiro Sandoval Huertas

Iván Tabares Marín                                                                                                  

Cuando se conocen varios libros del mismo autor, este se convierte como en una especie de amigo.  Eso me ocurrió con Emiro Sandoval, el magistrado auxiliar del presidente de la Corte Suprema de Justicia cuando el Palacio de Justicia fue tomado en 1985 por la guerrilla del M-19.   Por ese entonces estudié prácticamente todos los libros que ese joven abogado había escrito sobre Criminología y que recogían toda la influencia europea, en particular alemana, en esa materia. 

Emiro tenía 32 años cuando fue asesinado por el M-19 y acababa de especializarse en Alemania; era profesor en el Externado, y Alfonso Reyes Echandía lo vinculó a la Corte Suprema de Justicia, cuando este columnista terminaba la carrera de Derecho en la Universidad Libre de Pereira fascinado por la criminología y las diversas teorías que entonces trataban de explicar los determinantes del delito. ¿Qué nos lleva a delinquir?

En aquellos años ochenta, la influencia de la izquierda era enorme en las facultades de Derecho, tal vez eso explique el número de fiscales, jueces y abogados que simpatizan con las barbaridades del gobierno de un enfermo mental grave. Sin embardo, ese aspecto ideológico no quitaba muchos méritos a los textos de Emiro Sandoval.

Otro aspecto que vale la pena recordar era la influencia lingüística o simbólica en el análisis del proceso penal. La condición de criminal no se entendía como una característica esencial o genética del condenado, sino como una etiqueta o marca virtual que el juez aplica a quien ha violado una norma del Código Penal y que cambiaba completamente su condición humana: su esposa y familiares lo abandonaban, nadie le daba trabajo y la sociedad lo discriminaba.

Rezagos de esa visión perduran en las improvisaciones de Gustavo Petro. Si una conducta es ilícita, la solución es suprimir la “i” inicial a esa palabra para que la conducta sea aceptable. Entonces el mitómano presidente cree que, entregando una mesada de un millón de pesos a los eventuales criminales, no van a delinquir. No habría criminales en el mundo si esa fuera la forma de anular los condicionantes del delito. No hay nada más peligroso que un ignorante con iniciativa y, además, con un trastorno mental grave.

Emiro Sandoval y la criminología contaminada por la ideología mamerta, en esos tiempos del fracaso comunista, impulsaban un “Código Penal Alternativo” para sustituir el derecho penal convencional porque consideraban que la sociedad capitalista y los “blanquitos ricos” eran los responsables de la criminalidad de los pobres, pero no explicaban la de los poderosos. En ese entonces, el marxismo economicista o de lucha de clases, por el control de los medios de producción, evolucionaba hacia el dominio del lenguaje cuyos resultados vemos hoy en las campañas torcidas de los influenciadores de las redes sociales pagados con el dinero del erario.

Ahora, los zurdos conforman una organización criminal para enriquecer a familiares y amigos mediante el control del Estado colombiano. Todo se volvió “alternativo”: el derecho penal, la medicina, el arte, la religión, el derecho, la educación, etc.

Leave a Reply

Your email address will not be published.