‘Gobernanza criminal’ y elecciones

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‘Gobernanza criminal’ y elecciones

Ernesto Macías Tovar                                                                                       

La participación masiva será la única forma de derrotar, en las urnas, la “gobernanza criminal” y el desgobierno.

Un reciente informe de inteligencia, revelado por EL TIEMPO, confirma una situación tan grave como aterradora en Colombia, que coincide plenamente con la percepción ciudadana. Según el documento, los grupos armados –todos ligados al narcotráfico– se han fortalecido de manera exponencial durante los últimos tres años. Solo en los primeros ocho meses de 2025, el número de integrantes de organizaciones criminales superó los 25.278, lo que representa un incremento del 15 % frente a 2024.

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El consolidado nacional elaborado en agosto por los organismos de inteligencia revela que el crecimiento más alarmante se presenta en Antioquia, Cauca, Norte de Santander, Córdoba, Chocó, Sucre, La Guajira, Cesar, Atlántico, Magdalena, Bolívar, Arauca y Caquetá. Y que el grupo narcoterrorista ‘clan del Golfo’ lidera la expansión, seguido por sus pares Eln y Farc. En la misma proporción ha aumentado el desplazamiento forzoso en esas zonas, lo que significa que cerca del 40 % de la población colombiana está siendo afectada. Las cifras oficiales indican que, a 2025, existen al menos 30 grupos armados ilegales que ejercen control sobre más de 376 municipios del país.

De ahí la preocupación, no solo de la clase política, sino también de organismos como la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo, entre otros, que velan por los derechos humanos. Los habitantes de esas regiones padecen directamente el dominio de las estructuras criminales, pero a ello se suma la crisis de seguridad que azota tanto al campo como a las ciudades, configurando un mapa dantesco del orden público nacional.

Este panorama, sin duda, amenaza con entorpecer el ya complejo proceso electoral que comienza. Por eso resulta inevitable coincidir con la defensora del Pueblo, quien advirtió, con razón: “Esta gobernanza criminal podría incidir en los procesos electorales”.

En cerca del 30 % del territorio nacional, quienes imponen ‘la ley’, dictan las reglas y deciden sobre la vida de las comunidades son los criminales que controlan el negocio del narcotráfico.

Y estamos de acuerdo, porque en cerca del 30 % del territorio nacional quienes imponen “la ley”, dictan las reglas y deciden sobre la vida de las comunidades son los criminales que controlan el multimillonario negocio del narcotráfico. La responsabilidad recae, sin atenuantes, sobre Gustavo Petro, quien, bajo la figura de la llamada ‘paz total’, ha permitido la expansión y el empoderamiento de los grupos narcoterroristas y, como consecuencia, el deterioro de la seguridad nacional. No es casual que, por esa permisividad y por su defensa a ultranza del narcodictador Nicolás Maduro, el Gobierno de EE. UU. mantenga a Petro bajo estricta observación y que el presidente Donald Trump lo haya señalado como “líder del narcotráfico”.

Algunos analistas sostienen, incluso, que esta crisis ha sido provocada deliberadamente por Petro, con el fin de suspender forzosamente las elecciones y prolongar su permanencia en el poder. Aunque nada puede descartarse, ese escenario no es, de ninguna manera, viable. Las condiciones políticas y sociales del país y, sobre todo, la solidez de sus instituciones impiden cualquier intento de quebrantar la democracia. Y si, como es evidente, la responsabilidad del caos en materia de orden público recae sobre los hombros de Petro, con mayor razón las mayorías ciudadanas esperan con ansias el 7 de agosto de 2026: no solo para su salida del poder, sino para reafirmar y consolidar la libertad y el Estado de derecho.

En medio de esta tormenta, el proceso electoral que se avecina será más que una contienda política: será la más dura prueba para la democracia en los últimos tiempos. Si la violencia continúa marcando las fronteras del voto y los criminales siguen ejerciendo el poder en vastas regiones del país, estaremos ante unas elecciones tuteladas por el miedo. Por eso, más que nunca, votar será un acto de valentía cívica; pero el patriotismo de los colombianos siempre ha resistido y se ha impuesto por encima de cualquier amenaza. La participación masiva será la única forma de derrotar, en las urnas, la “gobernanza criminal” y el desgobierno que pretenden reemplazar la voluntad del pueblo.

@ernestomaciast

10.11.2025

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