De Lenin a Petro

De Lenin a Petro

Iván Tabares Marín                                                                                          

Es por lo menos curioso que las revoluciones comunistas se hayan realizado en circunstancias muy parecidas, pero siempre contrarias a la teoría oficial de sus fundadores del siglo XIX. Para los revolucionarios era muy fácil ignorar el texto oficial y acomodarlo a su gusto e imponerlo mediante el terror, aunque siempre han sostenido el carácter científico de su teoría y aunque cada líder cambia de interpretación asegurando que la suya es la correcta. En la revolución bolchevique de 1917 pasó algo muy parecido a lo que vemos hoy en Colombia.

Vladimir Ilich Ulianov, quien tomaría el alias de Lenin en 1901, nació en 1870, en una familia noble, con ascendientes judíos y gozaba de buenas condiciones económicas. Dos años después se publicó El Capital de Karl Marx en Rusia con buena acogida entre los intelectuales y estudiantes, pero no pudo llegar a la mayoría de la población que era campesina, analfabeta en un 20 por ciento y muy pobre.

Lenin era revolucionario antes de estudiar a Marx cuando estaba en la facultad de derecho desde los 19 años, entre 1889 y 1894. Sus inspiradores fueron literatos y teóricos rusos. Entre los primeros sobresale Chernyshevsky, con su novela ¿Qué hacer? “que convirtió a más gente a la causa de la revolución que todas las obras de Marx y Engels juntas (el mismo Marx aprendió ruso para poder leerla)”. La literatura siempre actuó como sustituto de la política en Rusia. El héroe de aquella novela es un asceta, materialista y nihilista (de “nihil” que significa nada) con una pasión por destruir a Rusia podrida y corrupta completamente.

Entre los teóricos de la rebelión, el preferido de Lenin era Tkachev, un populista enemigo del terrorismo para quien había que tomar el poder primero para hacer la transición al socialismo. Esta tesis fue acogida parcialmente por Lenin, mas no por el partido de los mencheviques, quienes eran estrictos en la interpretación de El Capital: si la economía rusa era agraria con algunos rezagos de la edad de piedra, no era posible pasar al socialismo sin llegar la economía capitalista; además, el proletariado apenas comprendía el 3 por ciento de la población.

Como Lenin, Gustavo Petro sigue cometiendo el mismo error: aplicar un texto a una realidad tan distinta a la que se imaginaba Carlos Marx. El error de Petro es más grave porque ya tuvimos la oportunidad de ver cómo fracasó el marxismo de lucha de clases y de las etapas de la economía que llevarían necesariamente a “la paz total”, que Marx llamaba la sociedad sin clases y sin Estado. Además, los obreros no son ya los sujetos de la revolución, sino los transgéneros, indígenas, migrantes musulmanes y los terroristas de Hamás.

Al mal informado Petro nadie le ha contado que estamos en una época que jamás imaginaron Marx, Lenin ni Stalin. Es la posmodernidad, el mundo del internet, de las redes sociales, de la anulación del otro y de la amenaza de la IA. Se aproxima el fin de la historia.

 

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