Ignorancia es el nombre del juego

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Ignorancia es el nombre del juego

Iván Tabares Marín                                                                                     

Un concepto fundamental de la teoría posmoderna de la izquierda fue introducido por el psicoanálisis a mediados del siglo pasado: “no hay nada natural en el hombre”. Eso significa que todo lo que sucede en el ser humano es cultural o imposición de la sociedad o de los otros. En el campo específico de los trastornos mentales, sus determinantes estaban en la relación familiar o en lo que Sigmund Freud llamaba el complejo de Edipo, es decir, en la relación del niño con sus padres. Para citar un ejemplo, recuerdo que el psicoanalista norteamericano Bruno Bettelheim decía que el autismo se debía a la frialdad de la madre en el trato con su hijo. Hoy conocemos los condicionantes genéticos de ese trastorno y se investigan otros.

Ese mismo principio de que no hay nada natural en el ser humano fundamenta el perverso enfoque de género impulsado por la izquierda para justificar la despenalización del incesto, por ejemplo. La psiquiatra Marian Rojas Estapé –a quien tuve el privilegio de escuchar en el Movistar Arena de Bogotá– publicó en YouTube una conferencia titulada “Homosexualidad: ¿nace o se hace?, en la que explica los condicionantes biológicos de las diferencias estructurales en el cerebro que definen la orientación y la identidad sexuales, sin bien existen influencias culturales secundarias. Por eso no me canso de cuestionar la doctrina mamerta de nuestra Corte Constitucional según la cual la identidad de género es una elección libre para hacerle trampa al sistema pensional.

Por otro lado, hay una diferencia primordial entre la psicología y la psiquiatría. La primera se había elaborado sobre criterios culturales o sicológicos, en tanto que la segunda, la psiquiatría, ha tenido como base los avances de la biología y la neurociencia con su tremendo desarrollo en este siglo. Y aquí viene el objetivo de esta nota: la absurda y carísima reforma establecida por el gobierno Petro en materia de la salud mental. La ignorancia es el nombre del juego.

El decreto es el 0729 de 2025. El charlatán ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, anunció que la inversión será de 150 millones de dólares y que “hemos confirmado 10.850 equipos básicos en salud, en los cuales 6.615 profesionales en psicología garantizarán un servicio efectivo, continuo y sin discriminación”. Esa política se extenderá por cuatro años, es decir, durante el próximo gobierno. El decreto busca la prevención de los trastornos mentales y del consumo de sustancias psicoactivas.

Ese decreto no es más que la repetición de otro establecido por Gustavo Petro cuando fue alcalde de Bogotá, un fracaso total, cuando intentó sacar de la drogadicción a los habitantes de la calle. Su objetivo perverso y oculto era crear empleos para maestros y mamertos desempleados que, con un breve curso, desempeñaran la labor educativa como si esa fuera la solución. Tampoco funcionó la rehabilitación de los eventuales delincuentes mediante un subsidio de un millón de pesos mensuales.

Por fortuna, el Consejo de Estado suspendió la aplicación del Decreto.

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