Un noviembre de definiciones

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Un noviembre de definiciones

Carlos Salas Silva                                                                               

Somos miles los que seguimos minuto a minuto la avanzada militar de Estados Unidos en el Caribe sur contra el Cartel de los Soles. En este mes de noviembre que recién comienza, la atención será aún mayor y no seremos miles sino millones los que estaremos atentos al desarrollo de las operaciones militares cuando comiencen a atacar unos objetivos, que ya tienen perfectamente localizados. La situación se vuelve más interesante al saberse que los cabecillas de esa poderosa banda narcoterrorista dominan todo un país, y no cualquiera: Venezuela, la inmensamente rica Venezuela, la que lleva veintiséis años secuestrada por unos criminales de la peor ralea.

No ha sido sino que el pueblo americano le permitiera un segundo mandato a Donald Trump para que se tomaran cartas en el asunto, algo que no daba espera. La inteligente maniobra del mandatario al designar a los carteles de la droga como grupos terroristas que atentan contra la seguridad de los Estados Unidos ha sido una jugada maestra. De ahí ha surgido toda una estrategia para iniciar una guerra sin cuartel con el fin de terminar con el maldito negocio.

La pregunta que surge es por qué no se actuó antes. ¿Qué marcó la diferencia? No creo que los números de víctimas sean la respuesta. Lo que ha habido es una conciencia política en un momento preciso. Saltar de un gobierno pusilánime y cobarde como el de Biden al valiente y decidido de Trump parece un milagro.

En Colombia se nos presenta una oportunidad de oro que no podemos dejar escapar. Hemos pasado tres años y tres meses de zozobra desde que un personaje nefasto se montó en la presidencia con el único fin de destruir al país, y sabemos por carne propia lo que eso ha significado para cada colombiano. Por eso, como los americanos, tenemos en nuestras manos la posibilidad de dar un giro radical y conducir al país por una senda que se creía vedada.

¿Debe inquietarnos que haya decenas de aspirantes a la presidencia? Este fenómeno, único en la historia de nuestras democracias, es significativo no solo porque los aspirantes no son simbólicos, sino porque todos siguen los trámites legales. Es un síntoma tanto de libertad democrática como de fragmentación. Como en una carrera ciclística o una maratón, hay un momento en que se conforman pelotones, pero siempre habrá uno o dos que toman la delantera y se alejan cada vez más de los otros competidores.

Aunque las estrategias de unión tienen sus efectos, la realidad demuestra que es la capacidad individual la que prima y lleva a que un candidato logre cautivar al votante. Ocurrió con Hernández en las elecciones de 2022 y podría repetirse en las de 2026.

En una conversación entre señoras que se transmite por YouTube, Salud Hernández-Mora y María Andrea Nieto, que comentan la contienda electoral como cualquier par de amigas en una charla casual donde cuenta más la intuición que lo racional, sacan conclusiones que pueden ser indicativas de lo que está pensando el colombiano medio. Señalan que, en el centro y la derecha, quienes hoy tienen más posibilidades de llegar a una segunda vuelta son Juan Carlos Pinzón y Abelardo de la Espriella. Cualquiera derrotaría al candidato de la izquierda con el que se enfrentaría en una segunda vuelta. Pinzón sería el Fico de ahora —el representante de la política tradicional— y Abelardo el Hernández, el outsider que tanto atrae al electorado actual.

Las distinguidas señoras hablaron de las candidatas del Centro Democrático no por sus posibilidades de que una de ellas llegue a la presidencia, sino como unas excelentes ministras en el cambio drástico del gobierno que se inaugurará el 7 de agosto del año entrante.

Parece que presenciaremos, en este noviembre de definiciones, cómo hay quienes se escaparán del pelotón incluso antes de que el adormecido sector de la centroderecha decida su candidato.

KienyKe

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El conocimiento secreto

Carlos Salas Silva

La observación de algunas de las pinturas que marcaron una etapa artística caracterizada por un realismo con encuadres y perspectivas nunca antes vistos llevó al pintor David Hockney a plantear que lo que hoy conocemos como visión fotográfica ya había sido desarrollado desde la pintura, con nuevas miradas que superaron la perspectiva renacentista.

Hockney se preguntó de dónde surgió esa visión. En busca de una respuesta, inició una investigación cuyos resultados lo llevaron a sustentar que los instrumentos ópticos intervinieron en la elaboración de las obras que marcaron un periodo en el que el realismo se impuso. Desde este punto de vista, podemos decir que la aparición de la fotografía fue simplemente el descubrimiento de cómo fijar químicamente la imagen en una placa. Esto demuestra que no fue la fotografía la que nos enseñó a mirar de determinada manera, sino la pintura, gracias al uso de instrumentos ópticos.

Las observaciones de Hockney le permitieron dar sustento probatorio a lo que su intuición ya le había indicado. Al examinar detenidamente ciertos aspectos comunes en obras de Caravaggio, Vermeer o Velázquez, llegó a la conclusión de que detrás de ellas existía un saber secreto y una manera laboriosa de pintar con la ayuda de la cámara lúcida y la cámara oscura.

Todavía nos maravillamos de la capacidad fotográfica de los grandes pintores del siglo XVII hasta finales del siglo XIX, momento en que apareció la fotografía. Podríamos decir que la fotografía nació de una pintura cuyas características estaban marcadas por el uso de lentes y espejos que los artistas se cuidaban de mantener en secreto, como un saber reservado que les garantizaba prestigio y hacía ver como un don divino lo que no era más que un truco de magia. Poder reproducir el mundo con exactitud en las dos dimensiones de la tela, utilizando apenas unos pigmentos, ha sido considerado una muestra de virtuosismo excepcional.

El documental El Vermeer de Tim es revelador de lo que marca la diferencia entre un conocimiento puramente técnico y la genialidad artística. Tim, un ingeniero jubilado, descubre el procedimiento y lo aplica para hacer su propio Vermeer, pese a no considerarse dotado del menor talento artístico. Logra recrear la escena de uno de los cuadros del pintor y, a través de la cámara oscura, realiza una reproducción que posee las mismas cualidades representativas del original, pero carece del aura poética que hace grande a Vermeer y curioso a Tim.

Con la inteligencia artificial podría ocurrir algo similar. Lo que en su momento parece innovador puede permitir que cualquiera que se pretenda un genio engañe a su público, sin llegar nunca a trascender la imagen ni los artificios técnicos.

La Nación

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