La consulta y la reunión

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La consulta y la reunión

Alfonso Monsalve Solórzano                                                                                   

La semana que termina ha sido intensa en decisiones políticas. Veamos:

El Pacto Histórico hizo una consulta para escoger candidato a la primera vuelta, que competirá con los petristas de “centro” en la consulta interpartidista del 8 de marzo del año entrante -día en que, además, se votará el nuevo congreso-, para escoger su candidato a la presidencia. Por su parte, la centro derecha dio un paso para la unión con la reunión de los expresidentes Uribe y Gaviria para seleccionar su candidato en la consulta interpartidista de esa tendencia.

Pero los dos eventos realizados tienen lecturas diferentes.

La consulta del Pacto Histórico tiene dificultades jurídicas que serán superadas porque, en su lógica, las leyes se deben adaptar a sus iniciativas y necesidades electorales, y no estas a aquellas, porque sí, porque son ellos y están seguros de que se saldrán con la suya, que para eso tienen a Petro. 

Su problema es que, cualesquiera sean los partidos y grupos que lo componen, en su consulta les fue muy mal, a pesar de lo que digan los jefazos y sus bodegas, porque hace ocho días toda la militancia petrista, así como los altos miembros del gobierno, el primero de todos, el presidente, que no dudaron en violar la ley participando en política; los congresistas propios y los consumidores de mermelada; sus contratistas, gamonales y mercenarios se movilizaron, removiendo cielo y tierra, intentando dar un golpe de opinión para demostrar fortaleza e invencibilidad.

Pero sólo sacaron poco más de 2.700.000 de votos, de los cuales, en blanco fueron 241.837; y de ese total, para la presidencia hubo 2.335.783, un fiasco monumental si se tiene en cuenta que, en la consulta pasada, la del 2022, Petro y Márquez sacaron 5.573.894. Esto significa que, a pesar de su enorme esfuerzo, apenas obtuvieron el 42% de esa consulta para la presidencia.  Como quien dice, ceteris paribus, si en la primera vuelta presidencial del 2022 presidencial sacaron 8.542.020, en el 2026 obtendría el 42% de esa votación, es decir, 3.587.649. Podrían perder en primera vuelta si hubiese un contendor fuerte. Supongamos que saca 1,500.000 de votos más: el candidato presidencial del Pacto Histórico obtendría 5.087.649.

Pues bien. La reunión Uribe–Gaviria busca crear una tendencia que congregue a la totalidad del centro (no petrista) y la derecha: Centro Democrático, al Partido Liberal, a Cambio Radical, a independientes como Abelardo de la Espriella, Vicky Dávila, de derecha y Sergio Fajardo y Juan Manuel Oviedo, de centro, Galán, Enrique Peñalosa, por solo mencionar algunos, porque la lista es larga. Con un candidato de semejante coalición, podría resultar altamente probable que se ganara en primera vuelta: observen que, en el 2022, Federico Gutiérrez de Creemos Colombia sacó 5 058 010 votos y Sergio Fajardo, de ASI – Centro Esperanza, 885 291, que juntos sumaron 5.943.301. Y no he tenido en cuenta los votos de Rodolfo Hernández, que en primera vuelta sumó 5. 953. 209, y en la segunda vuelta alcanzó 10 580 412.  Pues bien, es una hipótesis razonable que muchos de los que votaron por Hernández en la primera vuelta, están arrepentidos de su sufragio; y con mayor razón los casi 4.5 millones de colombianos que votaron por él en la segunda. Casi con seguridad no son votos petristas.

Veamos ahora la segunda vuelta. En 2022 obtuvo 11. 291. 987 sufragios. Si calculamos que solo obtiene el 42% (en el que se recortó la votación del Pacto), obtendría ¡¡¡4.742.634 votos!!!

Además, en estas elecciones el rechazo a Petro ha crecido de forma constante por sus exabruptos, perversión, mentalidad narcisista y conflictividad.  Lo demuestra precisamente la disminución del 68% de la votación del Pacto la semana pasada. Pero supongamos que saca dos millones de votos más: tampoco ganaría.

Pero estas cuentas hipotéticas solo tienen sentido si la coalición de centro–derecha se hace sobre la base de un programa que defienda el estado de derecho, la independencia de los poderes y las libertades civiles, pero que sea capaz de generar un consenso de fuerzas, muchas de las cuales tienen serias diferencias. Cualquiera que resulte investido con la candidatura presidencial ha de dar seguridades de que posiciones radicales que no estén en el programa, no serán impulsadas por el nuevo gobierno.

Por otra parte, la seguridad nacional y ciudadana; la lucha contra el narcotráfico; las medidas económicas que estimulen el crecimiento económico y busquen sacar de la pobreza a millones de colombianos, el rescate del sistema de salud mixto y basado en el sistema de seguros, que rescate este derecho que está siendo gravemente vulnerado por Petro, son algunos puntos en los que se podría coincidir.

Vencer la desconfianza que podrían tener algunos posibles aliados, es la clave de todo esto.

Y si hay segunda vuelta, habría que introducir en el programa de gobierno requerimientos que sean aceptables por las partes, para ganar la presidencia. Este esfuerzo electoral debe ir acompañado con una votación que asegure un congreso proclive a la coalición.

El camino no es fácil, no sólo porque habrá dificultades para armar la coalición, sino porque la hostilidad creciente de un presidente desquiciado y grupos paramilitares a su servicio y al servicio de los GAOs, será creciente. Pero ahora contamos con una situación internacional que no los favorece. La evolución de los acontecimientos en el plano internacional podrá ser determinante. Eso es muy importante. Pero hay motivos para el optimismo. Eso sí, si la oposición y los independientes usan el cerebro.

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