Petro, el inolvidable

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Petro, el inolvidable

Alfonso Monsalve Solórzano                                                                                           

Petro consiguió exactamente lo contrario de lo que quería en su pelea con Trump: en lugar de ser un líder respetado del sur global, con interlocución inteligente, cuya voz abogaba por la vida, el comercio justo y la lucha contra la desigualdad y el cambio climático,  terminó desprestigiado, minimizado, convertido en el hazmerreír del mundo, tratado de loco y mala gente en el plano internacional, lunático al que no le basta la dimensión mundial para sus sueños galácticos de grandeza, convertido en el engendro simbiótico de Maduro -cabeza del cartel narcoterrorista de los Soles- y en el valedor de los carteles terroristas de la droga colombianos, así como en el vocero de los terroristas internacionales de Hamás, organización a la que nunca condenó por sus crímenes de lesa humanidad.

Se equivocó en todo: enceguecido por la ilusión de su propia grandeza, pensó aprovechar la coyuntura internacional que encarna Trump en el poder de USA buscando “Hacer Grande a América de Nuevo”, para llevar a cabo una campaña electoral en Colombia desde un discurso antiimperialista, y simultáneamente, intentar usar dicha coyuntura para proyectar su imagen como el líder mundial por excelencia de la izquierda -cualquiera sea la cosa que ese concepto signifique ahora, más allá del autoritarismo y la dictadura a nombre del “pueblo”- pensando que si le funcionaba la estrategia, ganaría en Colombia y se aseguraría un lugar relevante, el más importante, en realidad, en el escenario mundial.

Pero, su soberbia no le permitió mirar con objetividad su lugar en el mundo: el poder en un país periférico. Se enfrentó, de la peor manera, con alguien que también está convencido de su propia grandeza, pero tiene el poder en la primera superpotencia del mundo; y, que además, está empeñado en reestablecer el equilibrio de poder global, reclamando para su país la hegemonía en Latinoamérica, que USA viene perdiendo a favor de China, Rusia e Irán, y que había identificado en el narcotráfico de los mafiosos que dirigen Venezuela, junto con el que se origina en Colombia, tolerado por este gobierno, como el punto débil de esos regímenes, que permitiría atacarlos por razones de seguridad nacional.

Petro pensó que los insultos y las provocaciones a Trump y a sus funcionarios no tendrían consecuencias y no entendió que la suerte de la narcodirigencia de Venezuela ya estaba echada y que la suya la sirvió en bandeja de plata a los norteamericanos, que se encontraron con la ganga de dos por uno, si es que no la habían pensado desde el principio, lo cual es probable. Ahora, le han quitado la visa y lo han puesto a él, a Alcocer, a su hijo Nicolas y a Benedetti, en la lista Clinton.

Y lo peor, para él, es que la justificación de los norteamericanos es verdadera: ha defendido a Maduro, hasta el punto de ofrecer la integración de los dos ejércitos, el colombiano y el venezolano para hacerlo; la cocaína está envenenando a centenares de miles de norteamericanos y su gobierno tiene razón en afirmar que es un fenómeno que afecta a Estados Unidos de manera muy importante, en salud pública, productividad, gasto social, entre otras cosas, hasta el punto de que sus enemigos en el mundo fomentan la adicción del pueblo norteamericano como una manera de minar la moral del país y destruir su espíritu de supervivencia.

Y es verdad que la política de paz total solo ha servido para fortalecer a los GAOs, pues su control territorial y su negocio de cocaína y los narcocultivos han crecido, muy probablemente, hasta por lo menos trescientos mil hectáreas en el 2025.Y si bien es cierto que las interdicciones llegaron a las 900 toneladas, la realidad es que las hicieron con la cooperación de la DEA, casi todas usando recursos norteamericanos; que ahora se produce mucha más cocaína que antes de su gobierno y que son los GAOS quienes se benefician de ello, junto con el gobierno de Venezuela.

Ni nosotros ni los norteamericanos le creemos a Petro que es el colombiano más ha perseguido a los narcotraficantes: ahí están traqueteando todos, los que se autodeniminan de izquierda y los que se reclaman herederos de los paramilitares, gracias a la paz total. Y si bien en el congreso denunció a estos últimos, nunca dijo nada de los de la extrema izquierda. De hecho, quien derrotó militarmente a las FARC y más persiguió a los paramilitares, los obligó a desmovilizarse y los encarceló nuevamente cuando siguieron delincuente y llevo la siembra de coca a apenas 40.000 hectáreas, fue el expresidente Uribe con su proyecto de Justicia y Paz, algo que ni los unos ni los otros le perdonan.

Y si lo que buscaba era que las consecuencias de las sanciones norteamericanas golpearan a nuestro pueblo y a nuestro sector productivo, para enarbolar su antimperialismo en la campaña, el tiro le salió por la culata: las sanciones son para él y su círculo íntimo, y los funcionarios norteamericanos han dejado claro que confían plenamente en nuestras Fuerzas Armadas y de Policía, en las instituciones distintas a la presidencia, en los gobernantes regionales y locales. Le ha ido tan mal, que su citación el pasado viernes para “convocar” a una constituyente imposible y una movilización contra el imperialismo yanqui, fracasó estruendosamente.

Y lo más seguro es que en la consulta, hoy, para escoger el candidato del Pacto Histórico, fracasará monumentalmente, porque si la verdad aplastara esta semana a Petro, que quiere a Uribe en la cárcel, y a Cepeda, cercano a las FARC, que ha hecho toda su carrera política sobre la base de entramparlo judicialmente, el Tribunal Superior de Bogotá declaró inocente a Uribe, acusado de fraude procesal y soborno a testigos y de todos los crímenes posibles.

Petro quiere ser inolvidable; ya lo es: quedará en la historia como el peor gobernante de Colombia de todos los tiempos.

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