
Iván Tabares Marín
Esta historia comienza en el 630, año de referencia del nacimiento del islam, la religión monoteísta inventada por Mahoma mediante el plagio de los libros sagrados del judaísmo y el cristianismo. Gracias a su ejército, el islam se impuso en apenas treinta años en el próximo oriente, el norte de África y en dos terceras partes de España. Si bien respetaban las otras dos religiones monoteístas, obligaban a sus seguidores a pagar un impuesto si no se convertían al culto de Alá. Obviamente, muchos cristianos y judíos aceptaron el chantaje y renegaron de Jesucristo o de Yahvé, respectivamente. La religión es política.
Los musulmanes no tenían consideración alguna con los no creyente en Dios y los asesinaban para cumplir el mandato de Alá. Ese proyecto de acabar con los “infieles” se mantiene en sus diversos grupos terroristas de Hamas, Estado Islámico, Al-Qaeda, talibanes, etc. Es obvio que el interés de acabar con los “infieles” se ha vuelto más apremiante por la proliferación del ateísmo en Europa y porque ya no pueden establecer un impuesto a los no musulmanes.
A este panorama sombrío debemos agregar la alianza de la izquierda con el islam a pesar de que el comunismo surgió como una ideología atea porque consideraba que la religión era un soporte del poder político de la burguesía. Aunque el comunismo fracasó en su versión de lucha de clases encabezada por intelectuales, maestros y sindicatos, encontró un buen aliado en el islam pues, de todos modos, sus enemigos eran similares especialmente con la aparición del movimiento o la cultura Woke. La izquierda quiere acabar con la cultura Occidental porque su revolución no fue capaz de superar el capitalismo.
Nuestros muchachos terroristas de la primera línea seguramente no leyeron el texto de Francis Fukuyama, El fin de la historia y El último hombre, en el que se explicaba que el único enemigo que le quedaba a la democracia era el islam después del fracaso comunista.
Las mujeres, los afrodescendientes, la comunidad LGBTIQ+, los migrantes y los indígenas aprendieron a exigir su igualdad gracias a la democracia, no a la izquierda, porque Fukuyama nos recordó que el afán fundamental de todo ser humano es el de ser reconocido por los otros y esa es la mejor definición de la democracia; pero en lugar de luchar por eso, la izquierda inventó una serie de ideologías que concluyeron en la posmodernidad o, lo que es lo mismo, la cultura Woke, para destruir la familia, la religión y la nacionalidad.
Con los cambios políticos de Europa se anuncia la próxima guerra entre el islam y Occidente. La derecha cobra fuerza en Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, España, República Checa, Polonia y Hungría porque reconocen que el gran peligro es la migración de musulmanes. De hecho, se habla ya de eventuales guerras civiles en algunos de esos países. Gustavo Petro es el vocero de Hamás y de la guerra santa de los musulmanes en Latinoamérica en nombre de la humanidad. ¿De qué “humanidad” habla?
Leave a Reply