
Carolina Restrepo Cañavera*
“El presidente Gustavo Petro, fiel a su estilo, ha vuelto a dejar al desnudo no solo su ignorancia, sino también su rabia contenida frente a las mujeres que no puede controlar. Esta vez fue con el Premio Nobel de Paz otorgado a María Corina Machado. En lugar de reconocer el mérito, el símbolo y la lucha democrática que representa, intentó disimular su incomodidad con un mensaje torpe que lo retrata mejor que cualquier análisis.
En su trino, Petro escribe: “Felicito a Wangari y a María Corina por sus premios nóbeles.” Y ahí mismo, con esa sola frase, revela tres cosas: que no leyó, que no entendió, y que no soporta que una mujer como María Corina Machado haya sido reconocida con el máximo galardón mundial a la paz.
Porque Wangari Maathai, la keniana ambientalista, recibió ese premio en 2004 y falleció en 2011. El mensaje de la cuenta oficial del Nobel solo recordaba su historia. No hay ningún nuevo premio para ella. El único Nobel anunciado este año es para María Corina Machado, y le cuesta tanto aceptarlo que necesita mencionarla acompañada, diluida, compartiendo el foco con alguien que ya no está.
No es un error inocente. Es un acto simbólicamente revelador: le incomoda tanto la idea de reconocerla sola, que necesita inventarse una compañía para no tener que escribir su nombre en solitario. A eso se le llama rabia mal disimulada, y también machismo mal administrado.
Pero su respuesta no se detiene ahí. Dice también que espera que “ayude a que su país consiga el diálogo para mantener la paz”. Como si no fuera ella quien ha sostenido, durante años, la voz democrática de un pueblo sometido por una dictadura. Como si su rol fuera apenas servir de mediadora entre partes equivalentes, y no la líder legítima de la mayoría democrática que ha resistido con votos, sin armas, sin padrinos, y sin claudicar.
No es solo ignorancia. Es soberbia. Y es miedo. Porque María Corina no le debe nada, no lo necesita, no lo cita, no le sirve para su relato. Y eso, para un hombre que se construyó sobre la narrativa de ser el elegido de la historia, es insoportable.
Le molesta que una mujer lo contradiga con hechos. Que le gane sin escándalo. Que hable sin gritar. Que represente una derecha liberal, moderna, civil, que desmonta tanto al chavismo como al populismo progresista que lo abraza.
Miraflores tiembla.
Porque no puede convertirla en villana. Porque no encaja en el molde cómodo de sus enemigos favoritos. Porque es mujer, pero no víctima. Porque es fuerte, pero no agresiva. Porque es libre.
Y lo más grave: porque acaba de recibir, sin pedirlo, el mayor respaldo internacional a su causa. Porque ahora el Nobel de Paz tiene nombre de mujer venezolana. Y eso, para Petro, es simplemente imperdonable.” (Octubre 10)
* Publicado en su cuenta de X (@carorestrepocan).
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