
Carlos Salas Silva
El de María Corina no es el de Santos ¡ni por los diablos!
El premio Nobel recién otorgado a la valiente María Corina Machado se diferencia en mucho al que se le dio al traidor Santos. Como dice el dicho “compare, pero no iguale”. Las circunstancias han cambiado y ya no valen las triquiñuelas como las que se cometieron para que el comité de 2016 fuese presionado a favor de otorgar el tan sonoro galardón a un tramposo que fortaleció a un narcoterrorismo que había sido seriamente golpeado en los ocho años de Uribe, para hacer la pantomima de un proceso de paz y dejar a Colombia en una situación de indefensión política, jurídica y militar como no se veía desde la zona de distensión. Los cinco miembros del comité son otros. Hasta dentro de cincuenta años no se podrá saber lo que los motivó esta vez y el porqué de un giro tan radical, pero podemos especular un poco.
Hace nueve años Noruega se había convertido en mediadora de procesos de paz y se comprometió muy seriamente en ellos siendo juez y parte cuando se trató de otorgar el premio Nobel. Hay que tener en cuenta que la empresa noruega Statoil, dos años antes del premio a Santos, hizo importantes negocios con el gobierno colombiano. Vale recordar que con un pequeño grupo de amigos pintamos pancartas denunciando la compra del Nobel por parte del vanidoso Santos y realizamos un plantón frente a la embajada de Noruega en Bogotá en donde fuimos recibidos por un grupo del ESMAD que nos superaba en número lo que le añadió simbolismo a un gesto minoritario, pero cargado de lucidez porque en ese momento casi todo el discurso internacional giraba en torno a la “paz histórica”, y quienes nos oponíamos fuimos tachados de retrógrados de ultraderecha. Considerábamos que una paz sin verdad ni justicia era una forma de impunidad política. Sabíamos muy bien que disentir del relato oficial era un acto subversivo.
Por otra parte, Noruega quería posicionarse como adalid de la paz negociada así costara la libertad de pueblos como los de Colombia y Venezuela. No les importó que Santos se burlara del NO vencedor en el plebiscito, uno de los más graves ataques a la democracia del mundo en toda su historia.
Mucha agua ha corrido debajo del puente en los últimos nueve años, lo que ha llevado a Noruega a cambiar su foco y su misión de ser mediadora al de un apoyo a la resistencia contra las tiranías. En esta nueva posición se hizo posible que María Corina reciba este año un galardón que no está manchado de complicidades ni de turbios negocios. Los noruegos pasaron de creerse los mediadores ideales en guerras y conflictos en el mundo a poner la lente en la amenaza que significan las autocracias como la impuesta por el chavismo.
El tiempo le dará la razón al comité del premio Nobel que tuvo el acierto y la valentía de otorgárselo a la líder más importante del mundo que enfrenta a un régimen criminal. El tiempo ya ha demostrado lo equivocado de la actuación del comité que lo otorgó a una figura tan despreciable como Juan Manuel Santos.
Ya era hora de que se redimiera Noruega luego de tantos errores que han costado dolor y sufrimiento a nuestra región. Haber sido garante de los diálogos de Santos con los narcoterroristas de las FARC y de la oposición venezolana con los chavistas quedará como una mancha que no podrá ser borrada, aunque algunos consideran que Noruega actuó de buena fe con su modelo de “neutralidad”. Lo cierto fue que terminó favoreciendo a quienes mejor manejaban la manipulación diplomática. Lo único que queda claro es que su papel ambivalente de mediador global es muy discutible. Lo que presenciamos ahora es una especie de acto de contrición histórica de Noruega y de la diplomacia europea, que durante años dialogó con dictaduras creyendo que eso las moderaría y, también, una forma de reconectar el Premio Nobel de la Paz con su sentido original: premiar la defensa de la libertad y la dignidad humana, no solo el final de un conflicto.
Para contrastar el significado del premio a Santos con el de María Corina, veamos algunas frases de los dos comunicados:
El de 2016:
“Al otorgar el Premio Nobel de la Paz de este año al presidente Juan Manuel Santos, el Comité Nobel Noruego desea alentar a todos los que se esfuerzan por alcanzar la paz, la reconciliación y la justicia en Colombia.” (FALSO)
“El propio presidente ha dejado claro que continuará trabajando por la paz hasta su último día en el cargo.” (FALSO)
“El Comité espera que en los años venideros el pueblo colombiano pueda cosechar los frutos del proceso de paz y reconciliación en curso.” (FALSO)
“Se ha sentado gran parte de las bases para el desarme verificable de la guerrilla de las FARC y para un proceso histórico de fraternidad y reconciliación nacional.” (FALSO)
“La guerra civil en Colombia es una de las más largas de los tiempos moderno. El premio busca alentar a las partes a continuar el proceso de paz.” (FALSO)
El de 2025:
“El Premio Nobel de la Paz de 2025 se otorga a María Corina Machado. Recibe este reconocimiento por su incansable trabajo en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia.” (VERDADERO)
“Como líder del movimiento democrático en Venezuela, María Corina Machado es uno de los ejemplos más extraordinarios de valentía civil en América Latina en tiempos recientes.” (VERDADERO)
“En un momento en que la democracia está amenazada, es más importante que nunca defender este terreno común.” (VERDADERO)
“Venezuela ha pasado de ser un país relativamente democrático y próspero a convertirse en un Estado autoritario y brutal… La maquinaria violenta del Estado se dirige contra sus propios ciudadanos.” (VERDADERO)
“Cuando los autoritarios se apoderan del poder, es crucial reconocer a los defensores valientes de la libertad que se levantan y resisten. La democracia depende de quienes se niegan a guardar silencio… y que nos recuerdan que la libertad nunca debe darse por sentada, sino que debe defenderse siempre: con palabras, con coraje y con determinación.” (VERDADERO)
El Nobel pasa de premiar al falso pacificador negociador a premiar a la resistencia. El diálogo con dictaduras deja de verse como camino, y se enfatiza el valor de resistir al régimen. Ya no se habla del futuro como falsa promesa, sino del presente como campo de batalla ético y espiritual.
KienyKe
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