Petro y Maduro, de Biden a Trump.

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Petro y Maduro, de Biden a Trump.

Alfonso Monsalve Solórzano                                                                                 

El presidente está desbordado. Los acontecimientos internacionales y sus oscuras maniobras en el país dan cuenta de hasta donde piensa llegar. Su principal temor y su mayor desafío es sobrevivir, junto con sus aliados del Cartel de los Soles y los GAOS colombianos, a la ofensiva norteamericana contra el narcoterrorismo.  

Esta gente estaba en el mejor de los mundos hasta la llegada de Trump al poder.

Con Biden, los del Cartel de los Soles mentían y engañaban a Estados Unidos sin ninguna consecuencia real, consolidándose en el poder sin apenas molestias, no sólo por el talante del gobernante, sino porque desde su visión geopolítica, si bien Suramérica era una variable importante en el ajedrez geopolítico norteamericano, no era crucial hasta el punto de que valiese la pena revertir la tendencia de la presencia comercial y política cada vez mayor de China en el subcontinente.

Con Trump es distinto. Con su estrategia Make America Great Again, MAGA, el presidente norteamericano está decidido a tomar el control de esta zona del mundo, y su principal objetivo, ahora, es el madurismo de Venezuela porque es el principal aliado político de China (así como de Irán y Rusia), tiene recursos estratégicos invaluables que no pueden ser controlados por esa potencia asiática y, además, porque es un régimen que practica el narcoterrorismo cuyo objetivo principal son los jóvenes norteamericanos. Así las cosas, está pasando a la acción para expulsar al Cartel de los Soles de Venezuela para que los políticos que ganaron las elecciones, María Corina Machado y Edmundo González, lleguen al poder. Todo parece indicar que la cuenta regresiva ya está en marcha: ayer se formó una fuerza de tarea conjunta con una muy posible participación internacional para “aplastar el narcotráfico”.

En cuanto a Petro y los GAOS, es claro que Trump no tolerará un régimen abiertamente contrario a los intereses de Estados Unidos, que está siendo tomado por extremistas narcotraficantes aliados al cartel de los Soles, que quieren convertir a Colombia en país forajido integrado a la Venezuela madurista para construir una narcodictadura bolivariana con una posición beligerantemente antinorteamericana -claro, si es que antes, como aseveré en el pasado artículo, no son traicionados por este como medida desesperada para sobrevivir, traición que, por lo demás, parece al día de hoy, que no tendrá ningún efecto en cuanto a la permanencia del régimen venezolano-. Y menos aun si se trata de un país como el nuestro, geoestratégicamente situado cerca al canal de Panamá y en la esquina norte de Suramérica y emporio del narcotráfico.

El Petrismo y los GAOS están, entonces, también, en graves problemas, y, por tanto, harán todo lo que sea necesario para sobrevivir, sin el apoyo y alianza con el Cartel de los Soles, que ha sido la clave, hasta ahora, de su supervivencia. Razón tiene la Nobel de Paz María Corina Machado cuando dice que la violencia en Colombia sólo se acabará cuando la dictadura venezolana haya finalizado. En efecto, la derrota del petrismo y el fin del enfrentamiento de la nación colombiana con los GAOS, de manera definitiva, sólo será posible si se expulsa al Cartel de los Soles de Venezuela. La férrea alianza, más aún, la imbricación entre el Cartel, Petro y los GAOS es lo que permite que estos se mantengan, gracias a la existencia de una basta retaguardia estratégica en el vecino país, en el que se mueven con absoluta protección e impunidad gracias a la protección madurista, que les suministra armas, información, protección e impunidad para planear sus crímenes en Colombia, así como la realización, para beneficio mutuo, de negocios sucios en narcotráfico, minería ilegal, a cambio de ser sus fuerzas paramilitares.

El día que esa retaguardia se acabe porque el gobierno democrático de Machado y González controle ese país, serán expulsados a la fuerza hacia Colombia. De ahí que sea tan determinante para la democracia colombiana que el narcocartel terrorista que gobierna a Venezuela, caiga. Si esto no ocurriese, por cualquier eventualidad -sólo las verdades matemáticas son necesarias, el resto ocurre en el mundo de la probabilidad-, estaría debilitado pero todavía podría ser de ayuda para sus aliados colombianos y plantearía otro escenario.

Pero supongamos que el Cartel de los soles, es expulsado. Incluso así, eso no terminará automáticamente con los intentos del petrismo y los GAOS de mantener el poder en Colombia, aunque sí los debilita de manera evidente. Pero, el punto es que harán hasta lo imposible para permanecer y consolidarse, hasta que pase la tormenta trumpista.

Y lo primero que intentarán es triunfar en las elecciones del 2026, para ganar un cierto manto de legitimidad internacional que les permita atrincherarse en el poder y resistir el vendaval.  Y su estrategia electoral se ajustará a las nuevas condiciones. Ha sido una marca del petrismo desviar la atención, creando falsos problemas o dilemas para ocultar sus verdaderas intenciones. La verdadera, hoy, es usar la violencia, justificada por la desinformación, para crear una situación caótica y de crisis que le permita maniobrar para asegurase el triunfo. Y en el centro de su retorica está el discurso antiimperialista, la “muerte al burgués” y la defensa del cartel de los Soles, ligadas a la acción directa típica de Hitler y Mussolini cuando buscaban tomarse el poder.

Veamos lo que ocurrió la semana que acaba de terminar. El uso político de la guerra en Gaza. Recordemos que Petro ha culpado a Trump de cómplice de genocidio y para denunciarlo, llegó hasta el extremo de convocar, aquí en Colombia, una marcha a favor de Hamas -que no del pueblo palestino- porque lo hizo el mismo día en que se cumplían dos años del ataque terrorista demencial en el que ese grupo terrorista asesinó a sangre fría a mil doscientos israelíes y secuestró a doscientos cincuenta de ellos.

Con lo que no contaba era que ese mismo día su odiado Trump obtuvo un acuerdo de paz entre las dos partes, así que Petro se quedó sin argumentos para defender (lo único que se le ocurrió, en su genialidad, fue decir que Trump negoció porque le hizo caso a él). En cambio, la maniobra dejó ver la ejecución de una de sus estrategias favoritas: la utilización de milicias urbanas, que se dieron en llamar Primera Línea, para causar caos, temor y terror entre los ciudadanos de las grandes ciudades, que es donde está el grueso de los votantes, para imponerse en las elecciones del 2026 como hizo con las del 2022, cuando muchos ciudadanos atemorizados, fueron constreñidos a votar por Petro con tal de que se detuviese el mal llamado estallido social.

Pues bien, las milicias petristas han vuelto para intentar quedarse y, claramente, bajo la protección del paraguas del presidente. Y trabajarán con todo tipo de milicias indígenas, campesinas, etc., para aumentar los niveles de intimidación. La incitación a la violencia contra los magistrados de las altas cortes,  los candidatos de la oposición, de los gremios, de los periodistas, a los que acaba de intentar silenciar, se incrementarán. Los partidos y las organizaciones civiles deben tomarse estas estrategias muy en serio, para contrarrestarlas en los términos de la constitución y de la ley. Y hay que convocar a la comunidad internacional, en especial USA y Europa para que estén vigilantes y presionen el cese de toda persecución.

POSTSCRIPTUM

La entrega del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, máxima líder del pueblo venezolano, constituyó otro golpe a Petro. Su reacción no se hizo esperar: rabioso, en un mensaje en X felicitó a una ganadora que ya había muerto y le exigió a Machado hacer algo por la paz de su país, negociando con Maduro; y luego, para defender al Cartel de los Soles, trató de ensuciarla, recriminándola porque en el pasado pidió a Netanyahu, cuando todavía no tenía investigaciones de la CPI, y a Milei, para que aplicasen su fuerza e influencia para desmontar el régimen criminal de Venezuela. Ahí no hay un pedido de intervención militar, que por lo demás, sería legítima, dado que el régimen de Maduro es un violador feroz de los derechos humanos de los venezolanos y un criminal de guerra, condiciones que justificarían una intervención humanitaria, pues se cumplen las condiciones de urgencia, violaciones graves de los derechos humanos, necesidad de socorro y falta de acción estatal. Lo que Petro olvida es que, él, “máximo representante de la humanidad”, pidió la creación de un “ejército” para “liberar” a Palestina. ¿Por qué esa demanda es legítima y liberar al pueblo venezolano de la dictadura del cartel de los Soles no lo es?

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