
Iván Tabares Marín*
Sí, el objetivo de la izquierda es destruir la cultura occidental. Por eso he dicho en esta columna que el petrismo hace parte de una organización internacional del crimen. Su verdadero nombre no es izquierda, marxismo, hegemonía identitaria, posmodernidad o movimiento romántico (para repartir tierras entre los campesinos); se llama Movimiento “woke”, término inglés que significa “despierta”.
Todos esos nombres que ha tomado la izquierda no son más que la fachada usada por el Pacto Histórico para ocultar sus evidentes intenciones destructivas. Gustavo Petro mezcla todos esos relatos porque es un ignorante, pero cumple muy bien con su proyecto dañino. Ya desintegró nuestro sistema de salud y su reforma pensional va a quebrar las EPSs; quiere despenalizar el incesto para destruir nuestra organización familiar y anuló el poder del ejército y la policía, etc.
El wokismo es un movimiento de intelectuales de izquierda que se tomó las principales universidades de Occidente, incluidos los Estados Unidos, Europa y América Latina. Esto explica las manifestaciones antisemitas en las grandes universidades norteamericanas en favor del terrorismo islámico de Hamás y que también apoya el exguerrillero Petro. También explica la reacción del presidente Donald Trump contra todo lo que impulsa esa versión de la izquierda.
La cultura Woke ataca las narrativas o ideologías que unifican y mantienen nuestras sociedades; reinterpreta a los héroes nacionales como villanos, y reescribe las historias fundacionales de nuestra patria como códigos de opresión. La anterior es una cita resumida del filósofo inglés Roger Vernon Scruton (1944 – 2020).
La revisión de la historia, la destrucción de las estatuas de nuestros personajes nacionales, la distorsión del proceso de la esclavitud de los negros y del movimiento feminista; la conversión de los pioneros de la democracia en esclavistas, fascistas, enemigos del “pueblo” o “blanquitos ricos” responsables de los falsos positivos. El discurso de Gustavo Petro es cultura wokista en su peor expresión.
Aunque se puede estar en desacuerdo con algunas ideas de Scruton, se le debe reconocer su función de pionero en la denuncia de la cultura Woke. Fue testigo de cómo las universidades se transformaron en el fortín de los intelectuales de izquierda después del fracaso del comunismo. Scruton se hizo conservador en el barrio Latino de París, en medio de la revuelta de mayo del 68, el comienzo del movimiento Woke o posmoderno de izquierda que tuvo como antecedentes la revolución cultural propuesta por Antonio Gramsci y seguida por Herbert Marcus, Gilles Deleuze y Alain Badiou.
El Wokismo es la cultura nihilista o de la nada; es un totalitarismo y una amenaza para la familia, la religión, la sociedad, la democracia y la especie humana; es una distopía imposible e impensable que convence a personas incultas o mal informadas que se engañan fácilmente con las promesas del chofer de bus que gobierna en Venezuela con varios carteles de la mafia; también engaña al pueblo con las mentiras del cínico presidente de Colombia.
El ministerio de educación debe desaparecer para derrotar a la izquierda.
* Nuevo colaborador de Periódico Debate. Médico y abogado caldense pensionado, que reside en Pereira y escribe en medios de su región.
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