Cuando la memoria remoja los despojos

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Cuando la memoria remoja los despojos

Alexander Cambero                                                                                                    

Indigesta que una nación caracterizada por los bienes espirituales, de la decencia de millones de probidades materializadas en mujeres y hombres de bien, tenga que cargar con tanto rufián asomándose en cada capítulo de nuestra historia. Es una especie de pesadilla sin un final que amortigüe la pesada losa inquisitorial.

La sensación extraña que tiene sus propias reglas en un sistema construido para hacer que la realidad sea la permanente impresión en que estamos condenados a estar atados al designio de la fatalidad. Que la prosperidad es una idea de ilusorios personajes que zanjaron su realidad con el verso de creerle a la vida en plena indisposición de hacer que la desesperanza ancle en el puerto del porvenir. Esa visión de que todo es una pérdida de tiempo es la mayor arma disuasiva de un poder que acciona cada día sobre las frágiles mentes de quienes sienten que las fuerzas escasean al ver nublarse el horizonte que anda en la búsqueda de impedir que su rostro sea coloreado de mentira.

La memoria de un país son sus hechos. Es la colección de eventos que reflejan lo que hemos sido. Cuando esa historia es arrebatada para cambiarla por la venganza, es donde comienza a generarse un conflicto en la visión cultural de la nación. De no actuar de manera adecuada, terminaremos sucumbiendo ante toda una estructura criminal que viene educando a sus mesnadas con el manejo de unos conceptos reñidos con la racionalidad.

En los adentros respira la República que anda buscando sus propios pasos. Es el descubrimiento de los que somos como una nación que ha sido ejemplo de lucha por la libertad. Su ejemplo de grandeza está en personajes que Venezuela engendra en épocas cuando se necesita la conducción de líderes con la convicción de ser transformadores de sueños, paradigmas que sirvan de guía para lograr los cambios necesarios.

Hemos enfrentado dictaduras que nos quisieron ahorcar hasta que rompimos las oprimentes cadenas. Lloramos sobre las tumbas de los mártires para inspirarnos y tomar aliento hasta lograr que la victoria ondeara en el corazón de cada venezolano. Hicimos que nuestros mares fueran el azul impetuoso que convocó legiones hasta que nos convertimos en una sola voz con estruendo de libertad. Aprendimos a levantarnos con el ímpetu de una historia sagrada. El suelo no fue nuestro destino final, sino las cúspides donde los sueños son las aureolas doradas de la emancipación.               

En estos tiempos es María Corina Machado quien representa ese rol estelar, el cual la historia le tiene destinado. Sobre sus hombros, la suerte de una nación extraviada y secuestrada por una miríada de malhechores de la peor calaña. Hijos de la mala entraña, seres acostumbrados a la celada como mecanismo de sus malévolas intenciones. La honestidad enfrenta uno de sus peores desafíos de los últimos tiempos.

@alecambero

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