La campaña más costosa y dañina

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La campaña más costosa y dañina

Ernesto Macías Tovar                                                                                                 

No me refiero a la campaña presidencial de 2022 de Gustavo Petro, ya de por sí la más onerosa de la historia y en la que, según el Consejo Nacional Electoral, se violaron los topes de financiación en más de 3.500 millones de pesos. Hablo de la verdadera campaña política más costosa y descarada: la que inició Petro el 7 de agosto de 2022, cuando llegó a la Casa de Nariño no para gobernar, sino para incendiar al país con fines politiqueros, usando como combustible los impuestos de los colombianos.

En más de tres años no muestra una sola obra suya. Las pocas inauguraciones que presume son herencia del gobierno anterior. Mientras tanto, el presupuesto se evapora como agua entre las manos. Corrupción por todas partes. Viajes, mercados, transporte y dinero en efectivo para llenar plazas. Populismo y mentira. La consigna: “lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta”.

Petro ha manejado los presupuestos más altos de la historia: 405,6 billones en 2023, 503,6 en 2024 y 523 billones para 2025. Pero nunca le alcanza. No ejecuta, derrocha y reclama. Cada año inventa una reforma tributaria con doble propósito: si se aprueba, obtiene más caja para despilfarrar; si fracasa, se victimiza y culpa a la oposición de su ineficiencia, alimentando el relato de que “no lo dejan gobernar”.

Las cifras son lapidarias. Desde 2022 los ingresos apenas subieron del 16,2% al 16,5% del PIB. Los gastos, en cambio, saltaron del 19,4% al 26,3%. La nómina estatal ya supera los 50 billones de pesos. Los contratos de prestación de servicios crecen 23% cada año, llegando en 2025 a más de 22 billones. Los “gastos operativos” aumentaron un 8,2%. Y la corrupción, claro, no aparece en las cuentas. Pero se mide en billones.

Petro confunde lo público con lo privado. Toma el presupuesto como su caja menor. Pretende que los colombianos financien sus caprichos. Con soberbia, presentó otra tributaria para meterle de nuevo la mano al bolsillo de la clase media. Según cálculos serios, disparará la inflación de 2026: 1,7 puntos para todos, 1,4 para los pobres y 1,5 para los vulnerables. El argumento de que solo afectará a “los más ricos” es una farsa: el golpe más duro recaería sobre los hogares de menores ingresos.

La propuesta de elevar aún más el precio de la gasolina y el diésel encarecería el transporte de carga y, con ello, los alimentos de la canasta básica. En un acto de desconexión con la realidad, Petro afirmó que los pobres no usan gasolina. Pero en Colombia circulan más de 14 millones de motocicletas, lo que significa que el 30% de las familias depende de ellas.

Esta es la campaña real de Petro: la más costosa, dañina y destructiva de la historia, financiada no por mafias ni aportantes ocultos, sino por todos los colombianos, con los impuestos. No tiene topes, ni controles, ni rinde cuentas, y se nutre del derroche y la corrupción. Mientras tanto, el país se hunde en la parálisis, el deterioro y la destrucción institucional, sin obras ni resultados.

Al final, su único “legado” será haber convertido el presupuesto nacional en el botín de su politiquería, en la feria de la irresponsabilidad. O peor aún: en la lápida de Colombia. Una frase suelta: ojalá caiga muy pronto Maduro y tras él, el “castillo de naipes”.

@ernestomaciast

5 de Septiembre de 2025

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