
Alfonso Monsalve Solórzano
Siempre hemos tenido claro, por su formación marxista, que el objetivo de Petro en el frente interno es instaurar una “democracia” soviética, es decir, una dictadura de partido único en alianza con grupos narcoterroristas que controlan buena parte de nuestro territorio y al servicio de ellos. Y hacer uso, para lograrlo, de todas las formas de lucha, incluyendo las ilegales. De ahí su política de paz total, que no sólo comprende a los GAOS de cualquier pelambre, sino o también a las bandas criminales de las ciudades, en detrimento de la soberanía interna y la unidad del territorio nacional.
En el frente externo, la ruptura con Estados Unidos y los aliados tradicionales del estado colombiano en la lucha contra el narcotráfico, es la expresión de esa política, junto con el reconocimiento y la acción coordinada con la narcodictadura venezolana. No en vano los GAOs son aliados, defensores y socios de ese régimen, que controlan los más de 2.000 kilómetros de la frontera común, delinquiendo a ambos lados de ella y ejerciendo como grupos paramilitares del Cartel de los Soles.
Estos dos objetivos se han ido adaptando con el trascurso del tiempo y su viabilidad hay que analizarla hoy a la luz de del contexto electoral que estamos viviendo, cuando sólo faltan menos de ocho meses para los comicios parlamentarios (8 de marzo de 2026) y un poco más de 9 meses y medio de la primera vuelta de las presidenciales (31 de mayo de 2026) y de diez meses y medio para la segunda vuelta, si es que la hay (31 de junio de 2026), así como del cambio geopolítico que ha traído la subida de Trump al poder en USA.
Si el país hubiese sido cooptado por el petrismo de tal manera que tuviese mayoría, tendríamos unas elecciones “tranquilas” porque sus objetivos estarían asegurados y nos estaríamos preparando para la declaración oficial de la dictadura. Pero, resulta que Petro a estas alturas, no tiene garantizado su triunfo electoral y, por el contrario, corre el riesgo de ser abrumadoramente derrotado, debido a sus innumerables escándalos personales y de corrupción, que sacuden su gobierno -el último de los cuales, conocido apenas unas horas, es la intervención del gobierno colombiano para que al prófugo de la justicia por el escándalo de UNGRD, Carlos Ramón González, excamarada de Petro en el M-19 y director en su gobierno, nada menos que de la Dirección de Inteligencia y del DAPRE , se le otorgara en Nicaragua el estatus de residente, precisamente el día en que fue imputado en ausencia-; pero también, de sus desafíos a los poderes judicial y legislativo, del discurso de odio contra la oposición y los medios, de sus desplantes y logorrea.
Su desprestigio ha venido creciendo con los años y él ha sido consciente de ello. Por eso sus ataques al estado de derecho, que vienen de tiempo atrás, han llegado ahora a un punto de no retorno. Conscientes, Petro y sus aliados, de su muy probable derrota, solo les quedan dos caminos, que no son incompatibles, sino que se aplican según les convenga: impedir las elecciones, propiciando un caos generalizado que le permita al presidente aplazarlas indefinidamente- algo que no sólo yo, sino otros analistas han denunciado- o, que los GAOS, bandas urbanas y la primera línea, someter al terror a la oposición para amedrentarla y eliminarla políticamente, acudiendo al asesinato de sus candidatos y dirigentes, de manera que sólo haya una fuerza política que realmente pueda hacer campaña con las garantías suficientes que el poder, su poder, le da.
No se podría afirmar que Petro haya dado la orden matar a alguien de la oposición, pero sí que es el responsable político de esos crímenes por exponer a sus opositores a oprobiosos mensajes de odio. De hecho, la violencia homicida sólo les sirve, objetivamente, a los GAOs, a las bandas y a Petro. Y es claro que luego del sacrificio de Miguel Uribe, los intentos de asesinato continúan: al congresista Julio Cesar Triana, de cambio radical, le dispararon ráfagas de fusil mientras transitaba por una carretera del Huila controlada por un GAO. Y hay información entregada, OJO, el 26 de mayo, diez días antes del atentado a Miguel Uribe, presuntamente suministrada por un recluso de alto perfil en la cárcel de Cómbita, en la que se afirma que “las disidencias de las FARC habrían destinado alrededor de ocho millones de dólares para ejecutar atentados contra varios políticos de derecha en el país” (…) “Asesinar a varios políticos de la derecha y la lista es: Álvaro Uribe, Paloma Valencia, María Fernanda Cabal, Miguel Uribe, JP Hernández, Federico Gutiérrez, Claudia Carrasquilla y Abelardo de la Espriella”. (…) (https://www.infobae.com/colombia/2025/08/12/revelan-supuesto-plan-para-asesinar-a-federico-gutierrez-y-otros-politicos-de-derecha-habrian-reunido-8-millones-de-dolares-para-los-atentados/).
Esta estrategia se complementa actualmente con la puesta en marcha de un nacionalismo antinorteamericano exacerbado, aprovechando la política antidrogas del presidente Trump. A Petro y sus aliados los tiene sin cuidado que descertifiquen al país; es más, creo que desean que el país del norte lo haga para instigar ese sentimiento antimperialista en el pueblo colombiano. Y, además, les cae como anillo al dedo para dar el paso de atornillar las relaciones en todos los campos -económico, político y, sobre todo, militar con el Cartel de los Soles que gobierna a Venezuela, con el objetivo de crear un bloque binacional “antiimperialista” contra los Estados Unidos, que geopolíticamente les dé a Petro y Maduro y sus aliados, mayores probabilidades de sobrevivir frente a las acciones que tome ese país contra ellos por su papel determinante en el narcotráfico que lo afecta. Bloque, que, por supuesto, sería cercano a China, principalmente, y a otros enemigos del país del norte, como una forma de encontrar protección y romper el aislamiento al que serían sometidos.
En ese contexto, la unidad de la oposición es la única manera de enfrentar la estrategia de Petro y sus socios. Debemos garantizar que haya elecciones transparentes y libres. Afortunadamente los ojos del gobierno norteamericano están encima de ese proceso, lo que atemoriza al gobierno y a los carteles. Y debemos tener un candidato presidencial único. Ya hay precandidatos como Luna que lo están proponiendo y el jefe del Centro Democrático, el expresidente Uribe ha dicho que el partido está por la labor en el camino de tener candidato propio que compita en las primarias en las que se elegirá dicho candidato.
Eso es muy bueno. El punto es que, si el CD quiere competir con un candidato que tenga opción de ganar esas primarias, debe ampliar la lista de candidatos dentro del mecanismo con el cual el CD escogerá el suyo. Si se miran las opciones que hoy existen dentro de ese partido, ninguna, con el debido respeto a su trayectoria y sus capacidades, está en condiciones de ganar las primarias frente a otro competidor importante de fuerzas distintas al CD. Sé que hubo un acuerdo interno entre ellos y el presidente Uribe en el sentido de que luego del asesinato de Miguel Uribe, de los cuatro que hoy pujan por la nominación, saldrá el candidato del CD y que no admiten aspirantes externos.
Entiendo esa posición, pero no la comparto, pues le falta una consideración política ponderada de la realidad y encierra un acto de egoísmo, que, dada la coyuntura electoral, es inaceptable. ¿Por qué cerrarles la puerta a candidatos externos, si son uribistas? Si los cuatro precandidatos están convencidos de que uno de ellos ganará la precandidatura mediante el método escogido, ¿por qué les niegan a otros la posibilidad de participar en la carrera interna? Si cada uno de ellos cree tener la suficiente fuerza ante la opinión, ¿a qué le temen? ¿Por qué negarle la posibilidad de competir por la candidatura del CD a María Claudia Tarazona y/o a Miguel Uribe padre, si quisieran hacerlo, ellos que tienen un amplio reconocimiento de la opinión pública, más, con toda probabilidad, que cada uno de los cuatro precandidatos o de todos ellos juntos?
¿Y por qué ponerle una camisa de fuerza al expresidente Uribe, forzándolo a cerrar la puerta a políticos que él mismo ha demostrado que son probos?
Cito al expresidente: “Pido a nuestros compañeros militantes del Centro Democrático que se supere cualquier prevención porque fue Ministro de Defensa en el Gobierno que me sucedió (Juan Manuel Santos) que hizo bastante daño a Colombia y también al Dr. Pinzón (…) También manifesté al Dr. Pinzón que la candidatura del Centro Democrático tendrá el compromiso de contribuir a una coalición que gane la elección de 2026 para hacer transición hacia la recuperación democrática de Colombia. Con el Dr. Pinzón identificamos puntos comunes fundamentales en seguridad, exigencia de transparencia, impulso al emprendimiento privado, Estado austero y pequeño y política social” (https://www.infobae.com/colombia/2025/08/16/uribe-abre-la-puerta-a-juan-carlos-pinzon-lo-respalda-como-opcion-presidencial-y-busca-alianza-amplia-para-elecciones-del-2026/).
El CD no es propiedad de nadie en particular. Nadie, por meritorio que sea, tiene el derecho de vetar las alternativas del partido para buscar un candidato que pueda ganar las primarias y las elecciones, siendo como es, el principal partido de la oposición.
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