Una vergüenza de jueza

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Una vergüenza de jueza

Martin Eduardo Botero*                                                                                            

“Una vergüenza de jueza: Sandra Heredia y la condena ya escrita

En la historia judicial de Colombia quedará esta fecha como el día en que una jueza no dictó justicia, sino que leyó un libreto. Sandra Heredia no falló un caso: interpretó un personaje. Se puso la toga como quien se pone una bandera, creyéndose heroína de una cruzada política disfrazada de proceso penal.

Durante más de dos horas, no fue jueza, fue fiscal. No ponderó, acusó. No sopesó la prueba, la recitó. No ejerció justicia, dictó sentencia desde una narrativa previamente pactada. Cada palabra suya olía a revancha, a cálculo, a guion ensayado.

Como en los viejos juicios de escarmiento, lo que vimos no fue un fallo: fue un acto de poder. Un acto destinado no solo a condenar al expresidente Uribe, sino a intimidar a quienes aún se atreven a resistir a este régimen judicial enmascarado de virtud. Una escenografía tan cínica que, de seguir así, no faltará quien condene también a los abogados, al público… y al mismísimo Santo Padre.

Pero no olvidemos lo esencial: los malos jueces son los más peligrosos.

Porque no matan cuerpos, matan instituciones. No atacan a los criminales, persiguen a quienes los enfrentaron. No sirven al pueblo, sino a una causa.

Heredia no pasará a la historia como símbolo de equilibrio y justicia. Pasará como advertencia. Porque un país donde las togas se usan para aplastar, y no para proteger, es un país que ha perdido su brújula moral.” (Julio 28)

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“Una justicia que se disfraza de fiscalía

En más de dos horas de monólogo togado, la jueza Sandra Heredia ha hecho lo que ningún tribunal independiente debe hacer: convertirse en la voz amplificada de la Fiscalía. Cada testimonio amañado, cada interceptación dudosa, cada prueba sesgada ha sido validada con entusiasmo casi militante. Mientras tanto, la defensa del expresidente Uribe ha sido despreciada, minimizada, silenciada.

No estamos ante una exposición judicial, sino ante un acto de escarnio. Como si la jueza no dictara justicia, sino destino. Como si el juicio hubiera terminado antes de comenzar. Como si su objetivo no fuera esclarecer, sino condenar.

Cuando una jueza habla como fiscal, juzga como parte y sentencia como instrumento del poder político, no hay justicia: hay venganza.

Y Colombia lo está presenciando en tiempo real.

Y así, con voz pausada y gesto solemne, la jueza Heredia ha pasado más de dos horas desmantelando la defensa, glorificando los testigos de ocasión, validando interceptaciones ilegales y fabricando un juicio que no busca justicia, sino obediencia.

Le ha hablado al país como si fuera la madre de la patria, la última defensora de una institucionalidad que ella misma manosea. Y mientras lo hace, condena no solo a un hombre, sino a una mitad de Colombia. La que no aplaude al régimen. La que aún cree en la verdad.

Con el fervor de una profetisa togada, le falta solo un detalle para completar su cruzada moral: condenar a los abogados de la defensa por atreverse a argumentar, al público por atreverse a indignarse y –por qué no– al Santo Padre por predicar indulgencia.

Porque cuando la justicia se cree heroína, ya no aplica la ley: la sustituye por el dogma.

Y Colombia, otra vez, es víctima de su propia farsa judicial.

Amen.” (Julio 28)

* Publicados en su cuenta de X (@boteroitaly).

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