
Alfredo Rangel
Las Farc eran un infierno para los niños víctimas de reclutamiento forzoso. Pero el secretariado lo niega.
Después de casi nueve años de creada la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el secretariado de las Farc por fin acaba de reconocer su responsabilidad en el reclutamiento forzoso de 18.677 niños menores de edad en las filas de esa banda armada. Son casos estrictamente documentados con nombres y apellidos de las víctimas, documentos de identidad, ejecutor del hecho, y fecha, lugar y circunstancias de cada crimen. Cuando los reclutaron, el 55 % de los niños tenía 13 o 14 años de edad, mientras que el 45 % tenía menos de 12 y hasta 8 años . Sin duda, podrían ser muchísimos más los casos, pero habrán quedado ocultos por las condiciones de clandestinidad en que operaba esa banda, o por miedo de las víctimas a denunciar, o por su desaparición forzosa.
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Pero, siguiendo su inveterada costumbre, los miembros del secretariado de las Farc no han hecho un reconocimiento auténtico, pleno, claro y contundente de su responsabilidad en estos crímenes; sino, por el contrario, han realizado un reconocimiento ambiguo, evasivo, atenuado, lleno de ambigüedades y de falsas justificaciones. De manera muy cínica, quieren evadir su total responsabilidad en esos crímenes, así como lo han hecho, ahora y en el pasado, con tantos otros crímenes como los asesinatos, las masacres, los secuestros, las desapariciones, las torturas, etc. Para empezar, insisten sin ningún rubor en que los niños acudían voluntariamente a sus filas, incluso en busca de protección ante las amenazas en su entorno, y que allí se les daba un trato piadoso, benigno y compasivo. Los horrores sin nombre que narran las propias víctimas los desmienten.
De manera sistemática, todos los frentes de las Farc les arrebataban a la fuerza a sus niños y niñas a las familias campesinas, alegando necesidades de reclutamiento, deserción de algún guerrillero, suplir bajas en combates, castigo por sospechas de colaboración con el Ejército, o un aporte “voluntario” a la causa. Una vez ingresados, los trabajos forzosos y denigrantes eran el pan de cada día. Las niñas se volvían esclavas sexuales de los comandantes durante 5 años o más. En los combates, los niños eran sacrificados como carne de cañón en la primera línea de fuego. Quienes mostraban tendencias homosexuales podían ser fusilados. Los embarazos eran reprimidos con dureza. Los abortos forzosos eran la rutina. Una víctima narró cómo, teniendo ocho meses de embarazo, le sacaron del vientre a la fuerza a su hijo y, estando aún vivo, lo tiraron al río Orteguaza.
Según las abominables reglas de la JEP, por estos crímenes no se condenará a los 5.043 miembros de las Farc, solamente se investigará e imputará como “principales responsables” a los seis integrantes del secretariado.
Las Farc eran un infierno para los niños víctimas de reclutamiento forzoso. Pero el secretariado lo niega. Niega las violaciones sistemáticas. Niega la esclavitud sexual. Niega los malos tratos. Niega los fusilamientos. Niega los abortos forzosos. Lo niegan todo. Solamente reconocen el masivo reclutamiento forzoso de niños, calificándolo como un “error”, no como un crimen. ¡Qué ofensa para las víctimas!
Según las moralmente abominables reglas de la JEP, por estos crímenes no se perseguirá ni condenará a los 5.043 miembros de las Farc procesados por la Fiscalía como sus ejecutores directos en 4.219 investigaciones, aunque se conozcan sus identidades, entre ellas las de centenares de jefes de bloques, de frentes y de compañías; solamente se investigará e imputará como “principales responsables” a los seis integrantes del secretariado. Las Farc siempre argumentaron, y la JEP de hecho así lo ha aceptado, que la responsabilidad de sus horrorosos crímenes no es individual, sino que es colectiva, es decir, de la organización, o sea, de nadie. Pero, aún así, ese secretariado ni siquiera ha asumido auténtica y francamente esa vaga y vaporosa responsabilidad.
Y eso que, si lo hicieran, si asumieran francamente esa responsabilidad colectiva, de ninguna manera se expondrían a ningún castigo ejemplar. De eso, ni mucho menos de cárcel, ni hablar. Solamente se expondrían a lo que la JEP llama, en su edulcorado lenguaje de impunidad, “sanciones propias”, como, por ejemplo, sembrar lechugas algunos días en algún sitio que les convenga a los “sancionados”.
17.07.2025
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