Populismo: Petro encaja al milímetro

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Populismo: Petro encaja al milímetro

Carolina Restrepo Cañavera*                                                                                   

“Un libro entre citas médicas y la revelación sobre Gustavo Petro

Un amigo me mandó hace poco Populismo, de José Luis Villacañas. Lo eché en la cartera y empecé a leerlo entre cita y cita médica. No pasaron muchas páginas antes de que se revelara lo evidente: Gustavo Petro es el molde perfecto del populista moderno que Villacañas describe.

Villacañas, filósofo político español, no se queda en lugares comunes. Para él, el populismo no es un berrinche ideológico ni una moda latinoamericana: es una maquinaria política sofisticada que se activa cuando las instituciones fallan y el malestar social se vuelve atmósfera. Ahí, entre la frustración y el vacío, aparece el caudillo: un líder que convierte la ira en relato, el desencanto en fervor, y la fragmentación en una promesa de redención. Lo llama “el pueblo”, pero ese pueblo no existe antes del líder. Es una creación retórica, un artificio sentimental que necesita un enemigo claro y una salvación única.

Petro encaja al milímetro. Su discurso es una sinfonía constante de crisis. Habla de una Colombia quebrada por élites rapaces, traicionada por el neoliberalismo, humillada por los privilegiados. Y él, claro, es el elegido para rescatarla. Así se activa lo que Villacañas llama la crisis orgánica, el caldo de cultivo ideal para el populismo: cuando las instituciones ya no median ni ofrecen garantías, y las emociones reemplazan a la deliberación.

La pieza clave, dice el autor, es la operación hegemónica: tomar reclamos diversos —educación, salud, hambre, seguridad— y fundirlos en un solo clamor, un relato unificado que solo el líder puede interpretar. Eso hace Petro: convierte el conflicto estructural del país en un pleito emocional entre “el pueblo bueno” y “la élite perversa”. Si estás con él, haces parte de la redención. Si discrepas, eres parte del problema.

Este proceso, advierte Villacañas, no es ni accidental ni ingenuo. El populismo no responde a una comunidad política real: la inventa, la dramatiza, la enardece. Usa símbolos, metáforas, enemigos, épica. Su unidad no es institucional ni programática: es emocional. Lo que une a los seguidores no es un plan, sino una rabia compartida.

Y ahí Petro juega con maestría. Su discurso no busca convencer, sino movilizar. No debate: señala. No escucha: acusa. La complejidad es su enemiga, porque el populismo vive de simplificarlo todo en una narrativa binaria: ellos y nosotros, la casta y el pueblo, los traidores y los redimidos. En este marco, la verdad es irrelevante. Lo que importa es el efecto político del relato.

Villacañas lo deja claro: el populismo no es un accidente del subdesarrollo. Es una consecuencia de la modernidad. Cuanto más complejas y fragmentadas las sociedades, más anhelan un relato simple y una figura fuerte que les dé sentido. Y cuanto más fallan las instituciones, más fácil es reemplazarlas por emociones. Por eso el populismo no necesita resolver la crisis: necesita mantenerla. Le es vital. De ahí la necesidad de Petro de generar incendios mientras gobierna: sin caos, se le apaga el relato.

El autor no romantiza el fenómeno: reconoce que el populismo aparece cuando la representación política se agota. Pero también advierte lo que viene después: el vaciamiento institucional, la concentración del poder, el desprecio por la discrepancia y la reducción de la democracia a la adoración del líder. Todo lo demás —medios, jueces, oposición— se vuelve sospechoso. La política se transforma en liturgia.

Ese libro, que abrí por azar mientras me tomaban la presión, me dejó claro lo que muchos prefieren no ver: Petro no es un error del sistema, es su síntoma más agudo. No llegó a corregirlo: llegó a explotarlo. No busca gobernar con instituciones, sino sustituirlas con afectos. No quiere pluralismo, sino obediencia emocional. Lo suyo no es una agenda: es un catecismo.

Y como todo populismo, lo que comienza como promesa termina como advertencia.” (Julio 7)

* Publicado en su columna de X (@carorestrepocan).

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