Agotó la paciencia

Agotó la paciencia

Ernesto Macías Tovar     

Las relaciones internacionales exigen serenidad, tacto y diplomacia; no altisonancias ni ramplonería. En el caso de Colombia, desde que Gustavo Petro asumió la Presidencia, nuestra política exterior ha sido manejada con torpeza, tanto en la forma -a través de redes sociales y desplantes- como en el fondo, desconociendo la seriedad de los vínculos bilaterales. Particularmente con Estados Unidos, nuestro principal aliado comercial, estratégico y político, el deterioro ha sido constante, provocado directamente por Petro.

La histórica relación con Estados Unidos ha estado marcada por el respeto, la cooperación y la institucionalidad. Esa tradición de más de dos siglos no puede ser sacrificada por ligerezas ideológicas ni por arrebatos populistas que solo obedecen al ego y a la narrativa del resentimiento.

Son múltiples los episodios que han erosionado la confianza. Uno de los más grotescos ocurrió cuando Petro, en aquella fatídica madrugada de domingo, publicó un trino anunciando la llegada de dos aviones con colombianos deportados desde Estados Unidos, e invitó a recibirlos con “banderas y flores”. Apenas 34 minutos después, desautorizó públicamente el ingreso de dichas aeronaves. Una contradicción absurda que generó una delicada tensión diplomática.

Como era previsible, la respuesta del gobierno estadounidense no se hizo esperar: cerró la sección de visas de la embajada en Bogotá, revocó visas a funcionarios del gobierno y a sus aliados, y, de forma más grave, impuso aranceles de emergencia del 25% a productos colombianos, incluyendo el café y las flores, sectores neurálgicos de nuestra economía.

En lugar de remediar el daño, Petro redobló su torpeza anunciando represalias comerciales: aranceles del 50% a productos importados desde Estados Unidos. Una amenaza ridícula si se tiene en cuenta que el 29% de nuestras exportaciones tienen como destino ese país, mientras que Colombia representa apenas el 0,89% de sus importaciones. Una pelea absolutamente insensata y destructiva.

Pero esta semana, el despropósito alcanzó un nuevo nivel. Petro, aferrado a su retórica conspirativa, insinuó que congresistas estadounidenses cercanos a la administración de Donald Trump -y de forma velada, funcionarios de ese gobierno- estarían fraguando un supuesto “golpe” en su contra. La absurda acusación se sustentó en unos audios en los que presuntamente su excanciller, Álvaro Leyva, estaría implicado.

Petro agotó la paciencia de Estados Unidos. El jueves pasado, el secretario de Estado, Marco Rubio, llamó a consultas a su Encargado de Negocios en Bogotá (durante el gobierno Petro no ha habido embajador de Estados Unidos en propiedad). La razón fue clara: las declaraciones “infundadas e irresponsables” del presidente colombiano. Se trata, sin duda, de la crisis más delicada en décadas en la relación bilateral. Y frente a esa señal de alarma diplomática, Petro respondió con su habitual desatino: en un gesto infantil, llamó también a su embajador en Washington a consultas, como si se tratara de un juego de igual a igual.

Algunos sostienen que Petro no dimensiona el daño que causa con su comportamiento. Otros creemos que sí, y que actúa deliberadamente. Apela al discurso “antiimperialista” de Chávez y Maduro, buscando provocar sanciones estadounidenses que luego pueda presentar como evidencia de persecución y de injerencia en la democracia, para justificar -como hizo el chavismo- restricciones a las libertades, manipulación electoral, y perpetuación en el poder.

Me pregunto, como deben hacerlo millones de colombianos: ¿Hasta cuándo aguantaremos? ¿Hasta dónde llegará la paciencia de la nación con un presidente decidido a dinamitar nuestras relaciones exteriores, nuestra economía y nuestra democracia?

@ernestomaciast

https://www.elnuevosiglo.com.co/, Viernes, 4 de Julio de 2025.

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