No más secuestros y asonadas contra la fuerza pública

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No más secuestros y asonadas contra la fuerza pública

Darío Acevedo C.*                                                                                     

“NO MÁS SECUESTROS Y ASONADAS CONTRA LA FUERZA PÚBLICA

Como si se tratara de un fenómeno turístico, llama la atención que, en Colombia, un país rodeado de amenzas y peligros por la violencia narcoguerrillera y la delincuencia común, se haya convertido en parte del paisaje y normalizado, desde la década anterior, el secuestro extorsivo contra soldados y policías cuando adelantan acciones contra grupos criminales a manos de cientos de personas pertenecientes a comunidades donde se adelanta la labor de las fuerzas de seguridad.

Algunas de esas montoneras y asonadas parecen estar profundamente influenciadas y manipuladas por guerrillas y narcotraficantes, otras se escudan en ser víctimas de amenzas si no hacen lo que les ordenan esos grupos.

Esto es un caso excepcional en el mundo, solo similar al de los narcos mexicanos. En cualquier caso, nos vamos tornando insensibles con hechos tan graves que afectan la seguridad de la población, de los territorios, la integridad personal de servidores públicos, la mella en el honor de quienes ponen en riesgo sus vidas para proteger los bienes, la vida y la honra de los habitantes del país.

En la inmensa mayoría de países, incluidos aquellos que sufren graves problemas de seguridad, el secuestro o el asesinato de miembros de la fuerza pública es perseguido y castigado de manera ejemplar.

La banalización del mal a través de su normalización como ocurrió en el regímen nazi y el soviético, entre otros, ha llegado a tal extremo que, el último secuestro de 57 soldados en nuestro país, coincide con una acción deplorable y aún más humillante con el acto público que el presidente Gustavo Petro protagonizó en la ciudad de Medellín el 21 de junio pasado, al haber autorizado la excarcelación, así fuera temporal, de cerca de una decena de cabecillas del narcotráfico y del sicariato y llevarlos a la tarima en la que él, Petro, que de acuerdo con la constitución es el máximo comandante de las Fuerzas Armadas y de Policía, se congració con ellos, les dio la palabra.

Toda una afrenta a la nación, a la Justicia, a la Policía y a los soldados, a los colombianos y a las víctimas que han sufrido la violencia de los ilegales, a los habitantes de Antioquia y de Medellín que tienen en sus almas y cuerpos, huellas imborrables del horror de las mafias, del paramilitarismo y del sicariato.

Recuperar la vigencia de la presencia policial y militar en todo el territorio nacional, poner fín al secuestro de los agentes del orden, hacer valer que no puede haber lugares vedados a la presencia de las Fuerzas Armadas y de Policía, debe ser una consigna central en la política pública de rescatar la seguridad y eliminar los focos de violencia que debe ser expuesta a viva voz por los candidatos al Congreso y a la Presidencia en las próximas elecciones de 2026.  

https://infobae.com/colombia/2025/06/23/ministro-del-interior-y-cupula-militar-llegaron-a-popayan-para-realizar-consejo-de-seguridad-por-secuestro-de-57-militares-en-cauca/” (Junio 23)

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“En su concentración en Medellín, Petro demostró que el odio que lo carcome avanza inexorable. Ofendió a la Justicia al rodearse de criminales.

Ofendió la idea de paz al extender su cobertura a criminales, delincuentes comunes.

Ofendió al Ejército, a la Policía y a la Fiscalía que persiguieron a estos criminales hasta llevarlos a juicio y a la cárcel.

Ofendió a los medellinenses al invitar al dañino y corrupto ex alcalde Daniel Quintero a la tarima.

Ofendió a la Constitución de 1991 que es nuestra carta de derechos y deberes, factor de cohesión y unidad nacional, al atacarla y justificar la convocatoria de una asamblea constituyente para reemplazarla y hacer campaña electoral anticipada.

Ofendió a los antioqueños al apropiarse de la exitosa gestión de su gobernador Andrés Julián Rendón y del alcalde Fico Gutiérrez.

Lo que hizo en Medellín lo ha hecho en otras ciudades donde gobierna la oposición.

De presidente, para desgracia de los colombianos, se destaca por promover el odio, por franquear los límites de la legalidad, por su deslenguada retórica, por su tendencia a mentir a engañar y a distorsionar la realidad.

En lo único que sobresale es en facilitarle el camino a los corruptos, a los mafiosos y a las guerrillas, en el nombramiento de ineptos para altos cargos del estado, en producir escándalos con su “vida privada”, en posar de sabelotodo. En hacer el ridículo y desgastar la imagen del país.

Maltrata a sus seguidores al movilizarlos a cambio de prebendas y llevarlos como animales a sus plantones y embobarlos con su delirante verborrea.” (Junio 22)

* Publicados en su cuenta de X (@darioacevedoc).

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