Eduardo Mackenzie
Los esfuerzos de Gustavo Petro para desviar la investigación judicial del atentado que sufrió el senador de oposición y candidato presidencial Miguel Uribe Turbay el 7 de junio pasado son cada vez más visibles.
El inquilino de la Casa de Nariño desvía y obstruye desde el primer momento esa labor tan importante. Hace unas horas, en una reunión con el ministro Armando Benedetti y algunos candidatos presidenciales, Petro afirmó sin la menor vergüenza que el atentado era contra él, su familia y “contra el gobierno” y, sobre todo, contra la llamada “consulta popular”. En buena lógica eso quiere decir: solo de carambola ese atentado era contra el senador Uribe. Textualmente dijo: “una de las hipótesis aún no rechazadas del atentado al senador Miguel Uribe Turbay, es que provenga de un grupo con capacidad de matar, enemigo del gobierno y de la consulta popular. Si no, por qué amenazan a hijos de miembros del gobierno y los míos propios. Uno de los más afectados con el atentado, después del senador Miguel y de su familia, es el gobierno”.
Horas después del atentado, la primera reacción de Petro fue callar el nombre de la víctima e insinuar que lo ocurrido es un crimen de odio, de un racista que quería “matar al hijo de una árabe en Bogotá”. Enseguida pasó a otra onda: se inventó que el senador Uribe es “el nieto de un presidente que asesinó a 10.000 ciudadanos”. Implícitamente Petro dice que la terrible agresión, que tiene al líder opositor entre la vida y la muerte, es justificada por ser de la familia Turbay. Petro tendrá que pagar penalmente por sus turbios desatinos y por invitar públicamente a sus seguidores, durante meses y meses, a cometer todo tipo de violencias para que él pueda eternizarse en el poder.
El expresidente Julio César Turbay Ayala nunca asesinó a nadie. El intento petrista de diabolizarlo reveló algo. ¿Fue esa calumnia una forma de destapar la vieja fatwa del narco-comunismo contra la familia Turbay? Pues Petro es el heredero no solo de las metas y atrocidades del M-19 sino de las metas, objetivos y atrocidades del narco-marxismo colombiano que es, en sí, un todo. Petro tendrá que pagar por insistir en tan abyecta destrucción del país y del hogar de los colombianos.
El M-19 no tiene memoria, pero sí obsesiones: su odio contra la familia Turbay es irracional y de larga duración. ¿Por qué? Porque durante el mandato del presidente Turbay Ayala (1978-1982) él rompió relaciones con Cuba, firmó el primer tratado de extradición con Estados Unidos, combatió con éxito las atrocidades del M-19 y dictó el Estatuto de Seguridad, legislación que sirvió para meter a la cárcel a los peces gordos de ese grupo terrorista. Lo que la justicia y otros gobiernos hicieron después es otra historia.
En todo caso, la actitud de Gustavo Petro es asquerosa. No tuvo una palabra de consuelo para la familia del senador herido, no ha hecho nada para parar los disturbios terroristas, que ya llevan ocho muertos en 19 ataques en Cali y el sur del país, y que buscan extenderse a otras ciudades. Y nada para darle garantías a la investigación de la policía judicial pero sí corre a darle enormes garantías de seguridad al sicario.
La fiscal Camargo adoptó un punto de vista extraño. Admitió que la imputación de cargos al sicario no comenzó sino hoy 10 de junio pues el criminal está siendo atendido en un hospital. Como la herida en una pierna no es grave, nada impedía que lo interroguen sin tardar. Pero no lo hicieron. No les interesa que la verdad salga a flote y que paguen todos los responsables de ese horrible acto. Solo hasta hoy, la fiscalía le imputó los delitos de tentativa de homicidio agravado y porte ilegal de armas al bárbaro y éste se declaró “inocente”.
Camargo negó que él tuviera un teléfono, a pesar de que varios videos lo muestran con un portable al llegar a la escena del crimen. También hay un lío con el auténtico Glock 9mm que utilizó en sicario.
Gustavo Petro trata de desviar la responsabilidad del desalmado. Lo muestra como un “niño instrumentalizado”, cuando lo que éste ha hecho deja ver a un monstruo frío, de edad indefinida, entrenado, capaz de escoger un ángulo de tiro, de disparar rápido 6 veces y con precisión sobre un ser humano y huir de la escena. No exageran quienes sospechan que ese individuo ha cometido otros crímenes. Circulan fotos en las redes sociales. En una, un guerrillero idéntico a él aparece armado y uniformado. Otras fotos muestran a la mujer que le hizo señas con los ojos al pistolero antes de los disparos. En la otra vemos la misma mujer como guerrillera de las Farc.
Todo eso permite pensar que el atentado contra Miguel Uribe hace parte de una vasta operación de las narco bandas reforzadas por el plan de “paz total”, la cuales están atacando de nuevo, hoy mismo, como en 2020 y 2021, ciudades del suroccidente como Cali, Buenaventura, Jamundí, Palmira, Villa Rica, Corinto, El Bordo, Toribio, Timbiquí y Buenos Aires. Mientras tanto, el general (r.) Pedro Sánchez, ministro de Defensa, rompe con el artículo 219 de la Constitución, de la no politización de la fuerza pública, y jura lealtad a la “consulta popular”.
Por otra parte, el expresidente Uribe declaró que, según un servicio de inteligencia extranjero, le advirtió que un comando terrorista trata de eliminarlo a él y a candidatos como María Fernanda Cabal, Vicky Dávila y Abelardo de la Espriella.
Si somos lógicos, estamos en el comienzo de la primera táctica destructiva (hay cuatro más) que le permitió a Gustavo Petro “ganar” la elección en 2022: llegar sin contendor real a la segunda vuelta, por eliminación previa del verdadero o la verdadera rival.
Así avanza Petro. Pero el país también marcha hacia adelante y contra él, cada vez más consciente de que hay que ponerle fin a este régimen y a tanta iniquidad. Las protestas que estallaron en respuesta al atentado contra Miguel Uribe continúan y se van a ampliar. Y nueve partidos del Congreso se declararon en sesión permanente, y desconocen al presidente Petro y a su ministro Benedetti como garantes del proceso electoral de 2026. El país se ha puesto en marcha.
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El terror, único medio de gobierno que le queda a Gustavo Petro
Eduardo Mackenzie
No es hora de dejarse dividir y confundir por las extrañas frases de Gustavo Petro tras el cobarde atentado que sufrió el senador y candidato presidencial Miguel Uribe Turbay. “Ay (sic) Colombia y su violencia eterna. Quiere matar al hijo de una árabe en Bogotá, que ya han asesinado, y no se debe matar en el corazón del mundo. Matan al hijo ya la madre. Respeten la vida, esa es la línea roja”, escribió Petro en una red social.
El inquilino de la Casa de Nariño rehusó en ese párrafo mencionar siquiera el nombre de la víctima. Así es de brutal el odio que él le profesa al senador Uribe Turbay y los otros candidatos de oposición para quienes la tragedia de ayer fue un cruel campanazo de alerta de que el tinglado de extrema izquierda petrista ha pasado a otra fase peor, en su desesperada lucha por mantenerse en el poder.
Petro utilizó, además, un vocabulario absurdo para deslizar la idea de que el atentado fue sólo un crimen racista que poco y nada tiene que ver con la contienda política: “Quieren matar al hijo de una árabe en Bogotá que ya han asesinado”. ¿Quiénes son los que él señala con el verbo “quieren”? ¿Por qué la palabra “árabe”? ¿Para culpar subliminalmente a otros, a los judíos, por ejemplo, a quienes Petro acusa de ser “nazis” y “genocidas”?
El lamento hipócrita por el atentado fue una segunda agresión bien calculada contra el senador Uribe, su familia, su partido, sus electores y el país en general.
La madre de Miguel Uribe Turbay, la periodista Diana Turbay, directora de la revista Hoy por Hoy , no era árabe, como tampoco lo era su padre, abuelo del senador atacado, el ex presidente liberal Julio Cesar Turbay Ayala (1978-1982), colombiano de nacimiento con orígenes sirio-cristianos. Ella fue secuestrada el 30 de agosto de 1990 por un escuadrón del Cartel de Medellín –de los llamados “extraditables” de Pablo Escobar–, y fue abatida durante un intento de rescate de la Policía, el 25 de enero de 1991. Petro quiere que olvidemos que el M-19, donde él militaba, era financiado para que cometiera sus mayores crímenes, como el asalto y matanza de magistrados del Palacio de Justicia de Bogotá, por el Cartel. de Medellín.
El jefe del Estado de Colombia afirmó, por otra parte, que el atentado contra el senador Uribe Turbay es la obra de la “violencia eterna” de Colombia, es decir no por el terror impuesto a Colombia desde el comienzo de la Guerra Fría por Moscú y las guerrillas comunistas y narco-comunistas, sino por la nación que lucha desde entonces contra los enemigos de la libertad y de la economía de mercado.
“Respeten la vida”, lanzó como coartada Gustavo Petro al final de su “protesta” por el atentado. Quiere que olvidemos que los propagandistas petristas vomitan a diario su odio más tenaz desde hace meses, desde las redes, contra Uribe Turbay y contra los otros candidatos de oposición, sin que Petro se haya desolidarizado ni un segundo de la infernal campaña.
Por el contrario, hace unos días, en Barranquilla, Petro estimulaba tales incitaciones al odio y vociferaba, en un mitin, su odio contra el Senado y los senadores HP y la oposición parlamentaria que habían impedido la reforma de la Constitución a rajatabla, sin respetar nada, mediante un decreto ilegal (el objetivo último de la llamada “consulta popular”).
El nuevo ministro de Justicia, Eduardo Montealegre, tampoco está exento de responsabilidad por lo que ocurrió ayer en Bogotá. El ministro incitaba a la violencia hace pocos días al escribir: “Ante el bloqueo institucional del Senado, proyectado en actos inconstitucionales, no queda otra salida que ‘El Decretazo’” ¿El “decretazo” es firmar un decreto ilegal o comenzar un plan pistola contra los candidatos de oposición?
Montealegre pregona que la “consulta popular” prevalece y que la voluntad política y los “cambios sociales” pasan sobre las leyes y la Constitución. Es la forma de avisar que está abierta la fase del poder de hecho, de la fuerza, de la arbitrariedad más rotunda. Montealegre, claro está, disfraza eso en “movimiento ciudadano”: “En la posmodernidad, los grandes cambios sociales son producidos por los movimientos de ciudadanos y las herejías constitucionales”.
Gustavo Petro es quien polarizó al extremo la vida política. En septiembre de 2024, el Consejo de Estado le ordenó a Petro presentar disculpas públicas por haber llamado “asesinos” a las personas que gritan en los estadios “¡Fuera Petro!”. Pero él siguió en lo mismo jugando con ciertos símbolos, como el de la “guerra a muerte”, bandera que sacó en un mitin en Bogotá, junto con una espada. Su furia creció tras el fracasado “paro nacional” de 48 horas, del 28 y 29 de mayo. Ahora argumenta que él, Petro, es “el pueblo” y que lo que quiere “el pueblo” es acabar con todo para realizar el socialismo que la ciudadanía repudia y que tanto condena al senador Miguel Uribe Turbay.
Tales son las condiciones que precedieron el atentado en un parque de Bogotá. La ciudadanía fue notificada: entramos en una fase en la que la oposición a Petro deberá encarar e l terror, esté él o no ligado directamente a ese tipo de operaciones. Una investigación bien hecha podría decirlo.
Dos últimos puntos que deben ser considerados.
1.- ¿Quién puede creer que la Fiscalía está en condiciones de realizar una investigación independiente que logre saber quién dio la orden, quién le entregó al atacante la pistola austriaca Glock 9 milímetros, quienes idearon y financiaron el atentado, quienes lo realizaron y qué otros aviones tienen los jefes de esa aventura criminal? En vista de esas dificultades, ¿el Senado está llamado a realizar su propia investigación?
2.- La campaña electoral. ¿Sigue ésta siendo la prioridad de la oposición después de lo que ha ocurrido? ¿Qué tiene garantías para avanzar su trabajo? ¿La tarea más urgente no es obtener la destitución por vías legales del presidente Petro por la gangrena que instaló en todas partes y que busca devorar al país?
¿Cuál es la actitud a seguir? ¿En qué consiste estar a la altura de la tragedia impuesta? ¿Esperar el próximo golpe? ¿Cómo unir a los ciudadanos para desmantelar el régimen podría haber erigió la extrema izquierda gracias a la inadecuada vigilancia política de los partidos y de los organismos de control?
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