
Alfonso Monsalve Solórzano
Este gobierno es la suma de todos los males que le pueden acontecer a una sociedad: vicio, corrupción, violencia, chantaje, manipulación a la opinión pública, uso sistemático de la mentira y muerte. Y los los colombianos no resistimos más.
Comencemos por el vicio: Su propio excanciller, que no es precisamente un hombre de derecha o de centro, ha denunciado públicamente que Petro no está en capacidad de gobernar a causa de su adicción, mostrando diversos casos bochornosos, irresponsables, pero, por, sobre todo, indicadores de la imposibilidad de asumir, al menos con sobriedad; y lo ocurrido esta semana le daría la razón, pues, sin explicación alguna Petro canceló su participación de la Décima Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), de la cual era anfitrión. Esto, además del hecho de que hasta ayer en la mañana llevaba más de sesenta horas sin trinar, que es su ocupación favorita, la cual usa para insultar.
Sigamos con la corrupción. la llamada “izquierda” o “progresismo” en el poder con Petro ha probado, hasta la saciedad, que eso de servir a los pobres no es más que un cuento para enriquecerse personalmente, sin importar que desmantele conquistas sociales irremplazables como el sistema de salud, acabe con el sistema energético, destruya el empleo, dé entierro de quinta a programas como Mi casa ya, o terminen con el crédito educativo con el que cientos de miles de estudiantes pueden educarse en las universidades. Es que predican una cosa y hacen la contraria. O si no, pregúntenle a David Racero, defensor a ultranza de los derechos de los trabajadores y adalid de la reforma laboral petrista, quien para su Fruver contrataba personal por debajo del salario mínimo y sin prestaciones,
Es que la corrupción y la violencia están en su ADN. No pueden ser elegidos o gobernar sin corromper, y acuden a la violencia letal cuando se ven descubiertos. Petro ganó con dineros sucios y triquiñuelas y los escándalos en el ejercicio del poder han sido infinitos. Es un axioma que se rodea de funcionarios, a los que nombra, o hace nombrar en cargos clave como la dirección de la Fiscalía y magistrados de la Corte Constitucional o el CNE o la Comisión de Acusaciones de la Cámara, ya sea porque tiene partidarios en las corporaciones que eligen e “investigan”, o a través de ofrecimiento de dádivas a los electores del congreso.
La corrupción petrista está mezclando con el crimen. En la semana que termina se supo que, a Comisión de Disciplina Judicial ordenó investigar a once funcionarios de Medicina Legal, por presuntamente, manipular la información sobre la muerte del coronel Oscar Dávila, a la que inicialmente se la presentó como un suicidio, algo que muchos vieron como sospechoso. Recordemos que el coronel era el responsable de la oficina de inteligencia de la Casa de Nariño y estuvo involucrado en el uso ilegal del polígrafo a la empleada de Laura Sarabia, la entonces mano derecha del presidente y figura clave en la campaña, al lado de Benedetti. Sarabia había denunciado que su empleada le había robado unas maletas con dinero. Claro que nunca dijo de dónde lo había sacado.
La revista Semana, por su parte, denunció la mentira bajo juramento de la Fiscal Luz Adriana Camargo, quien negó que hubiese tenido conocimiento y/o participación en la negación que ese ente hizo del principio de oportunidad para Sandra Ortiz, que está negociando una rebaja de pena a cambio de dar detalles del negociado del escándalo de la UNGRAD y la participación de altos cargos del gobierno en este. Pues bien, la Revista presentó las pruebas de que a ella le habían consultado el otorgamiento de dicho principio. Y No olvidemos que el magistrado Vladimir fue involucrado en el escándalo de esa agencia porque su nombramiento fue agilizado en el congreso como parte de los usos del pago de la coima a Name y Calle. Tampoco podemos pretermitir el papel de la Comisión de Acusaciones de la Cámara, que controla el Pacto Histórico, por lo que los procesos contra el presidente no prosperarán. Lo último fue que el secretario de la Comisión designó a representantes afines a Petro a que investigaran las denuncias hechas por el excanciller Leyva. Ya podrán ustedes imaginar lo que ocurrirá.
Y, además, su amigo Roa, presidente de Ecopetrol ordena chuzar a la junta directiva y a 70 empleados para saber quién está filtrando los escándalos de la empresa; y para disimular se incluye él en la lista, porque un acto de este tipo, presuntamente no podía hacerse sin su autorización
Petro y compañía han demostrado, además, un apetito insaciable por los recursos públicos para entregar contratos y cargos a los corruptos de los partidos que se supone, son independientes, para que en el congreso les aprueben sus atrabiliarias componendas y para otorgar contratos y subsidios a su burocracia sindical, a sus guardias indígenas y campesinas, que llevan años sin trabajar, pero gozando de todo tipo de gabelas y bonificaciones, predicando la revolución; y a su cauda ni – ni, que ni estudia ni trabaja, sólo vota y sale a las manifestaciones como grupo de choque contra las fuerzas del orden para perjudicar a millones de trabajadores y estudiantes con bloqueos, asonadas y destrucción del mobiliario público, eso sí, si les pagan adicionalmente.
Lo último que hizo es un indicativo de hasta dónde lleva Petro su corrupción: el decreto de adelantar y aumentar la retención en la fuente es una verdadera reforma tributaria para tener las arcas llenas en esta etapa crucial de su mandato para financiar su reelección o la elección de su designado o la cancelación de las elecciones para “aceitar” a sus huestes.
Continuemos con la violencia. Esta tiene el objetivo de dominar mediante el miedo. Está en el ADN petrista desde su juventud en el M-19 y no ha renunciado a ella en el gobierno. Antes ha cercado y chantajeado a las Cortes y al congreso, pero lo acontecido en las semanas deja muy claro sus alcances; pero hay que decirlo, también sus limitaciones.
Furioso porque la comisión séptima del senado no le aprobó la reforma laboral, se inventó una consulta popular con preguntas espurias, que tampoco le aprobó esa corporación. Pero fue una negativa discutible y medrosa, pues ante el temor de que hubiese desórdenes, paros y huelga general, impulsados por Petro a través de la primera línea y su oligarquía sindical, indígena y campesina, se abrió la puerta para que otra comisión la discutiera, y aprobara, concertándola con los gremios económicos y sectores concernidos de la sociedad civil. El presidente del congreso decidió que el proceso se haría en la comisión cuarta, presidida por Angélica Lozano, esposa y partner ideológica de la volátil Claudia López, que parece no tener ideología.
Mucho ruido, muchas declaraciones altisonantes de senadores independientes y casi todos los de la oposición, que aseguraban que se estaban haciendo respetar la independencia de poderes, y de los gremios, quienes decían con voz altisonante que respaldaban la reforma para “evitar un mal mayor”, mientras que el gobierno y sus testaferros amenazaban con cabildos abiertos que suplantarían la democracia representativa por el “poder popular” en medio de símbolos como la hoz y el martillo y la declaración de un paro de 48 horas seguido de una huelga general, si no le aprobaban toda la reforma, eso sí, sin renunciar a la consulta, ahora “reforzada” con cuatro preguntas sobre la salud.
El resultado, debo decirlo con tristeza, es que la comisión cuarta aprobó por mayoría ¡la reforma de Petro!, salvo dos o tres cosas insustanciales. ¡El miedo funcionó en el congreso! Y para mayor ironía, precisamente cuando el tal “poder popular” mostró que no era poder ni era popular. El paro fue, desde el punto de vista de la movilización ciudadana, un fracaso. Es más, un fracaso nunca visto porque la gente comenzó a protestar contra los que protestaban, dejándole saber a Petro que no contaba con el pueblo -él que se cree su encarnación- diciéndole que no los representa; informándole que había perdido las calles, si alguna vez las había tenido; que quería trabajar, estudiar, rebuscarse, hacer sus actividades diarias, sin bloqueos, promovidos criminalmente por el presidente de la CUT. Fue el mensaje claro de que están hartos de no tener médicos donde acudir ni medicamentos que obtener, o de tener que pagar gas caro, o no poder acceder a vivienda barata ni tener crédito educativo; todo a causa de la política petrista. Fue un rechazo masivo al sometimiento por el miedo de Petro. Otra vez, el pueblo fue superior a sus dirigentes.
Ahora queda discutir en la plenaria del senado la reforma laboral, sin miedos, con la conciliación necesaria para que todos salgan favorecidos o al menos no perjudicados, especialmente, los pequeños empresarios, los trabajadores informales, los desempleados.
Petro seguirá ladrando, pero el país continuará caminando. Ya mostró su debilidad. Perro que ladra no muerde.
La violencia, la amenaza, la corrupción, la desinformación, el insulto, seguirán siendo sus métodos de gobierno -salvo cuando interactúa con los GAOs ante quienes se arrodilla. Continuará usando los aviones de la policía para transportar “influencers” que cubran “cabildos abiertos”. Seguirá citando paros y huelgas generarles, para después negarlas, porque en las próximas también fracasarán como las de esta semana, que se suponía eran el primer paso de la insurrección.
Pero eso tiene una condición: que los partidos democráticos se unan con la gente para pasar a la ofensiva política, que le haga llegar al congreso que tiene el respaldo de la gente, que se está en proceso de crear una coalición que salve a Colombia de esta pesadilla. Y, para empezar, coordinación en el congreso para aprobar un proyecto razonable y una movilización masiva, inmensa, que lo respalde y le mande un mensaje claro a Petro de que el pueblo lo está desconociendo como presidente. Porque si no se pasa a la ofensiva, se perderá la ventaja que se tiene y se corre el riesgo de retroceder ante el proyecto petrista.
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