
Álvaro Ramírez G.
Les confieso que me da mucha pereza dedicarle una columna a este candidato sin futuro y tan malo.
Mi madre me enseñó que “¡a un bagazo, poco caso!”
Pero voy a hacer la excepción porque lo amerita.
Y porque a 30 días de desaparecer de la contienda, y de seguro de la vida política, hay que despedir a este petardo como se lo merece.
Su primera aparición como candidato presidencial hace 4 años fue un fracaso.
Y fracasó por la misma razón que va a fracasar en este debate electoral: por qué hay más odio y envidia en su discurso y en su alma, que interés de convencer con propuestas.
¿Cómo es posible que un matemático tenga una propuesta tan pobre y escuálida?
¿Cómo pensar que un matemático hable como un loro de cambiar todo, y no se le ocurra mostrar cómo, cuándo y sobre todo, con qué recursos hará los cambios?
Quedó en un carretazo barato.
El pueblo, el auditorio, no es tan pendejo y tan ignorante como para tragarse ese cuento tan cantinflesco e inverosímil.
Fajardo ha construido su propuesta sobre la base de atacar a Uribe y al presidente Duque.
Y eso le va saliendo muy mal por qué el país tiene un buen recuerdo de Uribe y ha visto el enorme sacrificio de Duque para enfrentar la pandemia, vacunar a todo el mundo, y apoyar económicamente a 400.000 empresas con una parte de sus nóminas para evitar que cierren.
El país vio con angustia que ese Paro-Petro no era un paro de dos días, sino un ataque terrorista de 50 días.
Y finalmente ha visto recuperar el vigor económico del país y las obras públicas.
Por eso a Fajardo, le fracasó esa mísera estrategia.
Desesperado al ver que no será presidente y que su carrera terminó, optó por montar el “repunte” de esa cadavérica campaña sobre la base de atacar a Fico.
Y contrató a Ariel Ávila, periodista y ahora congresista, de viejos vínculos con el ELN, para que se dedique a atacar y a tratar de destruir la candidatura de Fico.
Qué fin tan malo el de Fajardo.
¡Que personaje tal detestable!
alragonz@yahoo.es
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