El delirio de Granés

Iván Tabares Marín junio 2, 2026

Iván Tabares Marín

El doctor en Antropología Social de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Granés (Bogotá, 1975) publicó Delirio americano: una historia cultural y política de América Latina (Taurus 2022) y acaba de lanzar otro texto estupendo, El rugido de nuestro tiempo: batallas culturales, trifulcas políticas (2025).

En Delirio americano, Granés nos presenta la relación existente entre la literatura y el arte latinoamericanos con la política desde los últimos años del siglo XIX. Debido a la intervención de los Estados Unidos en Cuba y Puerto Rico para liberarlos de España, los artistas latinoamericanos iniciaron un ataque contra el imperio del norte y el capitalismo en nombre de las tradiciones indígenas que inicialmente inspiraron regímenes de derecha o fascistas y luego también marxistas.

Eran los primeros años del nuevo romanticismo (el primero había nacido en Alemania e Inglaterra en 1790 y se había extendido hasta 1860 por toda Europa). Dos siglos después, con la caída del régimen comunista en 1990, empezó la tercera era romántica en que nos encontramos todavía.

En el análisis de Granés del proceso político colombiano, llama la atención su asimilación del gobierno del Dr. Álvaro Uribe Vélez con los peores gobiernos de izquierda en todo el continente, como el chavismo, el evismo (de Evo), el sandinismo y la dictadura cubana, entre otros. Es curioso que no hace referencia negativa alguna a Gustavo Petro, a pesar de su desastrosa gestión en la alcaldía de Bogotá, presagio de lo que sería su paso por la presidencia.

En El rugido de nuestro tiempo, Granés cambia su posición con respecto a Gustavo Petro y le propina una paliza de antología. Veamos algunos de los calificativos aplicados a Petro que al menos la mitad de los colombianos compartimos. “Se cree el líder llamado a salvar la humanidad y el universo”; “propende al narcisismo y quiere cambiarlo todo a su imagen y semejanza”; “plantea soluciones que luego resultan ridículas”; como pensaba Montaigne de los “matasanos” o médicos en el siglo XVI, “Petro da una solución para todos los problemas”; “se presenta como el primer gobernante que realmente se preocupa por sus pueblo”; “está convencido de que tiene una misión histórica que cumplir”; “no intenta entender las cosas, sino imponerse a ellas”; “busca llevar la defensa justiciera hasta las últimas consecuencias”.

Y concluye: “Todos estos elementos de la mentalidad caudillista y redentora brillan con pureza inigualable en Gustavo Petro, la síntesis más sorprendente de la megalomanía, que escolta al hombre providencial, y de la incompetencia que padece quien confunde sus vicios con virtudes y los sueños con realidades”.

Sin embargo, el delirio mamerto de Granés reaparece en este texto, suelta al Dr. Uribe Vélez y la emprende contra Javier Milei y Donald Trump por sus ataques al Movimiento Woke y a la perversa hegemonía identitaria de la izquierda posmoderna. Granés es un experto en arte y literatura, pero no en filosofía. Su desviación izquierdista es explicable porque fue adoctrinado en la España mafiosa de Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez, Irene Montero y Pablo Iglesias.

Iván Tabares Marín

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