Alfonso Monsalve Solórzano
Mañana sabremos si hay presidente o presidenta en Colombia, o si debemos esperar 20 días más para definir esta contienda. Y esta incertidumbre se genera porque este ha sido el proceso electoral más confuso que he experimentado en mi ya larga vida. Me explico:
El continuismo ha permanecido esencialmente unido en torno al presidente y al Heredero (con una u otra pequeña disidencia que termina siendo aplastada), aupados ellos por los ríos de violencia de sus SS de la Primera Línea en las ciudades y de los GAOs en los campos, y por contratos e intervenciones indebidas de Petro y sus funcionarios del gobierno. Esta fuerza, que se autodenomina de izquierda progresista, ha hecho propuestas, en la voz de un candidato lector de discursos que se limitan a decir que será el Petro 2.0, mejorado en sus pretensiones de construir una sociedad cerrada, estatizada, de culto a la personalidad, represiva, en manos de los GAOs, que iguala por debajo y que no dejará el poder jamás por las buenas.
Ante semejante amenaza, se configuró una oposición que se fracciona en sectores que se llaman así mismos de derecha, centro derecha y centro, sin justificar sus opciones ideológicas, basados, en términos generales, en su aceptación o rechazo retórico a Uribe, en su política de seguridad democrática y en su política social. En cuanto a la primera, Paloma, Abelardo, López y Fajardo la defienden (aunque estos dos últimos critican a Uribe de cometer excesos en ella, como los falsos positivos, algo que Uribe ha refutado, mostrando que él fue el primero en rechazar y castigar a los que cometieron estos hechos atroces). El caso es que López y Fajardo han entendido por fin que la seguridad es condición de la libertad, abandonando la idea de que era una estrategia de la derecha para golpear al “pueblo”. En pocas palabras, se volvieron uribistas de hecho.
Y en cuanto a la política social, Uribe, ha sido señalado de neoliberal, a pesar de que fue él quien defendió la ley 100 de 1993, de seguridad social en el congreso y propuso la ley 2021, que disminuyó la jornada laboral, o la teoría de los tres huevitos, de los cuales, el tercero, es cohesión, o, inversión social). Para mí en términos teóricos, Uribe es un socialdemócrata. Y defender la disminución del tamaño del estado, cuando este ha crecido artificial y monstruosamente en razón de los desafueros burocráticos, los contratos a dedo y los subsidios a las organizaciones amigas, que ha realizado Petro, es algo apenas lógico. Pues bien, Paloma es uribista del CD, que tiene como doctrina la teoría de los tres huevitos; Fajardo y López, son socialdemócratas y Abelardo habla de que más que fórmulas ideológicas, lo que hay que aplicar es soluciones que hayan sido eficaces, como la desregulación. Pero los cuatro defienden una economía de mercado. Todo lo contrario a Cepeda.
Además, políticamente, hablando, todos ellos han defendido la vigencia de la constitución del 91 y la necesidad de impedir que sea reformada para instaurar un estado GAO – socialista.
En síntesis, esos candidatos defienden el estado democrático, la economía de mercado y la seguridad. Ahora bien, la existencia misma del estado de derecho está en juego, en esta ocasión y, por eso, conceptualmente, la existencia de esas cuatro candidaturas es altamente inconveniente porque luchan entre ellas por un electorado, que, al dividirse, sólo favorece al petrocepedismo.
Pero esa lucha fomenta, además, la confusión del electorado, inmerso como nunca en una gran desinformación asfixiante, provocada por medios descaradamente parcializados, las encuestas sesgadas, las predicciones de las casas de apuestas, los falsos sondeos, la saturación de mensajes perversamente dirigidos por los algoritmos que se cuecen en las redes sociales, repletos de descalificaciones, alimentado todo esto por las disputas entre estos candidatos, que lejos de reconocer que tienen propuestas comunes y el mismo interés nacional, se atacan como si fueran enemigos de causa, utilizando expresiones y frases que ofenden y causan daño que podría ser irreparables a sus oponentes. Es irresponsable y atenta contra la unidad de la nación, que está por encima de los intereses personales.
Lo sensato, ante el peligro de que nuestra libertad y nuestro estado democrático desaparezcan, hubiese sido construir una sola candidatura, como lo insinuó Uribe, desde Abelardo hasta Fajardo. En ese escenario, la oposición y los independientes estarían ganando holgadamente en primera vuelta. Pero no ocurrió. Fajardo y López son conocidos de autos: odian a Uribe, a pesar de que, como dije, se parecen cada vez más, y su egoísmo y soberbia son inversamente proporcionales a los votos que tendrán, pues en medio de la maraña de desinformación, apenas sí queda un hecho que puede afirmarse como predictible con certeza: que Fajardo y López no tienen opción de ganar o pasar a segunda vuelta.
Pero el espectáculo dado por Paloma y Abelardo es más deprimente y completamente inaceptable. Ambos se proclaman uribistas, ambos dicen representar el fin del petrismo. Todos hubiéramos esperado al menos un poco de sindéresis entre ellos, pero se han atacado con saña, con tanta furia, que parece que el enemigo a vencer es el otro y no Cepeda. En realidad, no parece, es que, de verdad, PIENSAN que el otroES el enemigo. Y todo comenzó cuando, una vez que Paloma obtuvo su postulación por el CD, no hubo manera de que los dos compitieran por la candidatura del uribismo unificado y prefirieron tomar rumbos diferentes que llevaban a puertos distintos.
Ellos y los responsables de esas decisiones políticas tendrán que responder ante los ciudadanos colombianos si mañana el Heredero gana en primera vuelta con votos suficientes para ser presidente. Y también lo serán si se pierde en la segunda porque han vuelto tan extremadamente sectarios a muchos de sus votantes, que es posible en esa ronda se abstengan o voten en blanco.
Ojalá esto no ocurra y que si hay segunda vuelta, quien pierda, apoye al que pase para ganar la presidencia el 21 de junio. En esa ocasión el voto útil se impone a todos los demócratas colombianos.
Yo, con desazón, bajo protesta por todo lo que acabo de escribir, después consultar las trayectorias, y porque es esencial votar, a pesar de todo, sufragaré en primera vuelta por Paloma.