Alfredo Rangel
Solo un gobierno populista y arbitrario como el de Petro pudo dedicarse a encontrar los puntos débiles, las grietas de nuestra armazón institucional.
El gobierno de Petro ha sido el peor de los últimos setenta años. Nunca un mismo gobierno había provocado al menos cinco graves crisis juntas. Petro lo ha logrado. Las crisis que han provocado su impericia, su improvisación y su radicalismo estatista son: las de la salud, la fiscal, la de orden público, la energética y la de relaciones internacionales.
Obviamente faltaría espacio para analizarlas todas aquí, y no es el propósito de esta columna. Con perdón de los lectores, lo que quiero señalar es que, a pesar de ser el peor gobierno en décadas, algo bueno debe tener, y lo tiene: nos ha permitido ver las grietas de nuestra democracia.
Y es que solo un gobierno populista y arbitrario como el de Petro pudo haberse dedicado a buscar y encontrar los puntos débiles, las grietas de nuestra armazón institucional. Señalo algunas que él ha encontrado y ha intentado o logrado utilizar en búsqueda de sus propósitos demagógicos, autoritarios y estatizantes.
Por ejemplo, las altas cortes deberían hacer de oficio un análisis previo de constitucionalidad al contenido de los referendos de origen gubernamental, para evitar una dictadura plebiscitaria. Las cadenas de radio y televisión estatales deberían ser manejadas por juntas independientes de los gobiernos, para impedir que se conviertan en instrumentos vulgares de propaganda gubernamental y de persecución a la oposición.
Los estados de excepción deberían tener los suficientes controles para que no sean utilizados para dictar reformas tributarias por decreto. Las reformas de origen gubernamental que no sean aprobadas por el Congreso no deberían poder ser objeto de consultas populares durante el mismo gobierno. Y así muchas otras medidas que deberían tomar los próximos gobiernos democráticos para sellar esas y otras grietas e impedir que los populismos se aprovechen de ellas e impongan su demagógica voluntad.
Pero vale la pena detenerse en las dos últimas grietas que ha aprovechado el populismo de Petro en búsqueda de su reelección en cuerpo ajeno: la definición del salario mínimo y la gestión del Banco de la República. Como nota al margen, digamos antes que en la última ocasión los gremios empresariales pecaron gravemente de ingenuidad al no buscar un acuerdo con los sindicatos y en cambio le dejaron a Petro la definición del último salario mínimo de su gobierno, en vísperas de las elecciones presidenciales y legislativas.
Resultado: un incremento arbitrario casi cinco veces superior al índice de precios y un riesgo de inflación desbordada. Compra de votos con dinero de las empresas. Con el agravante de que el Consejo de Estado estaba en vacaciones y solo se pronunció cautelosamente dos meses después de entrar en vigencia ese nuevo salario mínimo. Ya para qué. Por eso, el incremento del salario mínimo debería tener un techo máximo fijo, en función del comportamiento de los precios y de la productividad.
No es difícil imaginarse a Cepeda aumentando los salarios un 40 o 60 % al estilo chavista, que es su modelo. Y, por su parte, la Rama Judicial debería modificar su anacrónica “vacancia” masiva que deja sin justicia al país durante más de un mes cada año, ocasión que populistas y criminales aprovechan de maravilla. Las altas cortes deberían tener procedimientos que permitan no interrumpir nunca sus labores de control legal. Es otro ajuste que es urgente y necesario.
Los gremios empresariales pecaron gravemente de ingenuidad al no buscar un acuerdo con los sindicatos y en cambio le dejaron a Petro la definición del último salario mínimo de su gobierno, en vísperas de las elecciones
Y finalmente, la independencia que la Constitución le otorgó al Banco de la República se la quitó un decreto hace más de 30 años, y todos tan campantes. En muchos países sensatos el Gobierno no participa en el manejo del banco central. Pero ya que en Colombia lo hace, por lo menos el Gobierno no debería ni presidir las reuniones de la junta directiva, ni su presencia ser indispensable para que ella pueda sesionar, como es ahora.
Hoy nuestro banco central no es ni autónomo ni independiente, lo cual es claramente inconstitucional. Esta grieta también, como muchas otras que mencionamos arriba, debe ser subsanada. Ahí tiene buena parte de su agenda prioritaria nuestro próximo gobierno democrático.
12.04.2026
