Lorena Lázaro Ocampo*
“¡Ah, Cartagena! Ciudad de murallas, historia y, últimamente, el escenario preferido para la última comedia de la familia real… perdón, presidencial. El pasado 27 de marzo, la Base Naval ARC «Bolívar» se vistió de gala, no para un acto de Estado serio, sino para la presentación en sociedad del nuevo juguete de la Casa de Nariño: el buque ARC «24 de Julio», también conocido ahora como «El Capricho de la Niña Petro».
Y es que, en un giro dramático de nepotismo —que a estas alturas ya es marca registrada del Gobierno del ‘Cambio’—, la madrina de esta joya de la ingeniería naval fue nada más y nada menos que Antonella Petro Alcocer. Sí, la misma cuya mayor hazaña conocida hasta la fecha es ser hija de quien es. ¿Méritos militares? Cero. ¿Trayectoria institucional? Ninguna. ¿Elegancia natural? Bueno, sobre eso hablaremos en un momento.
Imaginen la escena: almirantes con décadas de servicio, curtidos por el sol y la disciplina, parados firmes mientras la «infanta» Antonella hacía su entrada triunfal. Y cuando digo «entrada triunfal», me refiero a ese caminado que, si estuviéramos en una película de Disney, le garantizaría el papel principal en El jorobado de Notre Dame. No era una caminata, era un homenaje viviente a Cuasimodo, una coreografía de la anti-elegancia que dejó a más de un oficial con espasmos en el párpado.
Allí estaba ella, con esa presencia que gritaba «estoy aquí porque mi papá manda, pero preferiría estar en TikTok». Con cero mística, cero rigor y, seamos honestos, cero idea de lo que estaba haciendo, procedió a romper la botella.
Supongo que para la familia Petro, bautizar un buque de guerra es como abrir una gaseosa en un picnic en Chía: un trámite más.
Lo curioso es que el ARC «24 de Julio» conmemora la Batalla del Lago de Maracaibo, un hito de soberanía. Y qué mejor manera de honrar la soberanía nacional que entregando el protagonismo simbólico del buque a la encarnación misma de la arbitrariedad presidencial. Es una bofetada —una más— a nuestras Fuerzas Militares, que ahora tienen que ver cómo sus tradiciones se convierten en utilería para el álbum de fotos familiar del presidente.
El senador electo Germán Andrés Rodríguez Prieto, un oficial de verdad que sí sabe lo que es el rigor militar, ya radicó un derecho de petición exigiendo explicaciones. Quiere saber quién dio la orden y bajo qué criterio administrativo se tomó esta decisión tan… «folclórica». Probablemente le respondan que fue una directiva de la «Oficina de Asuntos de la Infancia Presidencial y su Falta de Estilo», un apéndice de la Presidencia dedicado a asegurar que ningún evento de Estado sea demasiado solemne para no ser arruinado por un toque de nepotismo ramplón.
Al final, queda claro: para este Gobierno, las «armas» del Estado no son instrumentos de soberanía, son regalos de cumpleaños costosos. Y mientras la patrullera surca los mares, Antonella probablemente siga ensayando su caminado, no sea que en el próximo bautizo —quizás de un portaaviones o de la estación espacial colombiana— nos sorprenda con una imitación de un pingüino mareado.
¡Aplausos para el ‘Cambio’! Donde la elegancia militar es cosa del pasado y el nepotismo con estilo de comedia es el futuro.” (Marzo 28)
* Publicado por la abogada Lorena Lázaro Ocampo en su cuenta de X (@AbgLoreLazaro_).