Alexander Cambero
Su aspiración es la pretensión continuista del desastre actual. Es la interesadísima puesta en escena de los factores recalcitrantes que quieren terminar de acabar con la democracia y el estado de derecho, que siempre ha sido un baluarte del estado colombiano.
Iván Cepeda se formó lactando en la violencia con la ubre ensangrentada de la guerrilla como sus héroes paradigmáticos. Justificó cada acción al margen de la ley culpando a las víctimas. Es un representante del atajo como expresión de los que tienen veneno en la ponzoña con la actitud de siempre andar buscándole la yugular a la sociedad. En medio de trapisondas y vaivenes revolucionarios, fue haciéndose el ideólogo de un pensamiento anclado a la cola de la irracionalidad militante. Su verbo destila odio. Es el mecanismo que induce sus acciones. Es el inspirador de la FARC-POLÍTICA, aquella que lo tuvo en cercanías existenciales con el desaparecido Raúl Reyes. Su periplo por el totalitarismo del Pacto de Varsovia lo inspiró para asumir que la libertad es el enemigo. Bajo la égida de una muy buena planificación, se ha disfrazado para buscar la presidencia de la República. Es una maniobra bien urdida con la intención de ocultar su perversa naturaleza. Es el plan para tratar de alcanzar a ser el huésped principal del Palacio de Nariño. Sus presentaciones son con el histrionismo de una malabarista del engaño. Un discurso embaucador con las raíces en la falsedad para manipular a masas incautas.
Para vencer a Iván Cepeda, es fundamental que se actúe con coherencia. Las fuerzas democráticas tienen que formar parte de la misma constelación. Cero ataques entre quienes, con distintos matices, desean un cambio profundo en Colombia. El adversario es Cepeda y quien tiene todo el potencial para vencerlo es Paloma Valencia. Para ello se tienen que sepultar las pequeñeces, acabar con los egos y posturas individualistas. Es la patria la que tiene que ser el horizonte.
La incertidumbre es un hábil roedor merodeando la reluciente ratonera. Siempre estará como en un péndulo en donde no sabemos cuál será la suerte que acompañará el próximo paso. Igual ocurre con la verdadera intención del abanderado de Pacto Histórico y procaz espadachín del círculo rojo de Gustavo Petro.
El ávido ciudadano colombiano tiene en sus manos el destino de la nación. Su decisión marcará el rumbo de la Colombia que anhelamos.
@alecambero