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Lo que podemos aprender

José Manuel Acevedo 

Ojalá los jueces que defienden tanto el libre desarrollo de la personalidad, sean conscientes de que esta vez se trata de algo más grande que todo: la salud del pueblo colombiano y el futuro del país en general.

Confiados en que lo peor ya pasó y con una tasa de menos de 100 muertos por día en el país -cuando llegamos a tener 700 en los días más críticos- estamos pasando muy rápidamente la página del Coronavirus sin prever que a finales de octubre, como han dicho algunos expertos, puede venir un cuarto pico en nuestro país.

Es verdad que necesitamos reactivarnos plenamente y que para ello necesitamos que casi todo vuelva a funcionar como antes, pero es indispensable en esta “vuelta a la normalidad” que la gente se vacune y, todavía, entre los más jóvenes, eso no está sucediendo.

No enfrentamos solos el desafío de la vacunación. En países europeos o en Estados Unidos hacen falta muchos todavía por recibir su pinchazo y los discursos moralistas y las falsas teorías de la conspiración promovidas por los antivacunas han surtido efecto en una parte importante de la población que cree ciegamente en esos mitos y no ha acudido a inyectarse.

Sin embargo, los gobiernos no pueden quedarse de brazos cruzados y el nuestro tampoco debería hacerlo pues siempre antes de que salga el sol, la noche se pone más oscura y estamos transitando por esta última etapa que es definitiva para nuestro futuro y que no podemos poner simplemente en manos del “libre albedrío”.

En Francia se comenzó a promover la idea de que para ir a ciertos sitios como restaurantes y supermercados, había que mostrar el carné de vacunación. En Estados Unidos ocurrió lo mismo y eso hizo que nuevas personas reacias a vacunarse fueran a los centros habilitados a recibir sus dosis. Ahora el presidente Biden ha anunciado que, en empresas de más de 100 trabajadores, será obligatoria la vacuna.

Colombia tiene que empezar a implementar este tipo de medidas o de lo contrario corremos el riesgo de que las nuevas variantes hagan lo suyo, el pico llegue con dureza y otros países comiencen a restringirnos su entrada y se tranque el buen ritmo de reactivación que llevamos. Eso y, por supuesto, que el certificado de vacunación sea digital y más difícil de “chiviar”.

Ojalá los jueces que defienden tanto el libre desarrollo de la personalidad, sean conscientes de que esta vez se trata de algo más grande que todo: la salud del pueblo colombiano y el futuro del país en general. ¡A vacunarse y a lograr que otros que hoy no quieren, lo hagan pronto!

https://www.vanguardia.com/, Bucaramanga, 13 de septiembre de 2021.

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