
Maritza Aristizábal*
Sí, salimos a la calle invadidos de terror. Caminamos hacia adelante pero mirando hacia atrás, sospechamos del que va al lado, nos atemoriza que se acerque una moto y ya no es opción ir solo por la calle después de las 10 de la noche. Lo peor de todo es que nuestras sospechas, con más frecuencia, se hacen realidad: la moto que se acerca es un ladrón, el que va caminando al lado nos roba y con dificultad salimos ilesos cuando salimos después de la 10 de la noche. Las ciudades son invivibles, solo la paranoia puede comprarnos algo de tranquilidad ¡Gran paradoja!








