
John Marulanda*
La ciencia, entendida como un cuerpo organizado de conocimiento, con leyes fijas y con capacidad de predictibilidad, ha ayudado a desvirtuar algunos de los mitos propios de la evolución humana. Pero irónicamente la tecnología, hija directa de la ciencia aplicada, nos ha traído hasta las redes sociales que son ahora el instrumento preferencial de los mistificadores de siempre, que existen desde antes de los egipcios.








