
Alberto Velásquez Martínez
Si el vivir, como lo concibe el pesimismo de Schopenhauer, es sufrir, el morir “no tiene que ser traumático y sus últimos días pasarlos en medio de inhumano tormento”. Así, en medio del dolor, recorrió estos últimos dos años el caleño Víctor Alfonso Escobar, hasta que logró que esta semana le practicaran la eutanasia. Fueron dos años de vegetar sin dignidad alguna cuando ya la ciencia había sido derrotada por la enfermedad. Entendieron los médicos tratantes de Víctor que si la vida es una continua lucha y un persistente renacer, la muerte debe ser descanso del tormento y comprendida como solución racional. La vida es bella con esperanzas e ilusiones. La muerte no debe ser un martirio.








