
Carlos Salas Silva
Las cosas se van poniendo color de hormiga cuando nos vemos obligados a cuidar nuestro lenguaje y hasta nuestros pensamientos. Auto reprimirnos es una opción que tenemos a la mano para no ir a molestar a los otros en nuestras relaciones sociales, como nos lo han inculcado desde niños. Los impertinentes, entre los que por desgracia me cuento, aquellos que van diciendo lo que se le viene a la cabeza, en ocasiones con mucha gracia y frecuentemente de manera destemplada, terminan siendo rechazados por familiares y amigos con justificadas razones. Es el imperio de lo políticamente correcto en el ámbito público como en el privado, lo que termina por imponerse, con muy poca oposición, para mantener las buenas costumbres y las no tan buenas poniendo barreras a cualquiera que se atreva, con sus apuntes y palabras destempladas, a romper la armonía en reuniones y tertulias.







