Eduardo Mackenzie*
El último recurso que le quedó a Gustavo Petro para escapar a un proceso de destitución por causas constitucionales es esconderse, unas veces, y adoptar la pose de víctima, amenazar de nuevo a la prensa, en otras, y negar sin argumentos las acusaciones que le están lloviendo de manera decisiva de muchos sectores, tanto de la creciente oposición como del mismo campo petrista (y no hablo sólo de las revelaciones de Nicolás Petro y de su esposa Day Vásquez sino de algunos dirigentes de su propio partido Colombia Humana).








