
Jesús Vallejo Mejía
Hay, como ahora se dice, golpes de Estado duros y blandos. Los primeros acuden a la fuerza de las armas o a las explosiones populares. Los segundos son sinuosos, taimados: dicen respetar la institucionalidad, pero la desconocen torciéndole el pescuezo para ponerla a decir lo que sus normatividades no autorizan. Es posible que haya golpes en que ambas modalidades, el empleo de la violencia y la distorsión de las reglas constitucionales, se junten para obtener el resultado de una modificación irregular del régimen político.






