
José Alvear Sanín
El diario espectáculo de un individuo que combina los galimatías de Cantinflas con la profundidad del doctor Goyeneche no despierta nada distinto al cansancio o la resignación. El país es testigo de un creciente delirio que nos deja estupefactos. ¿Cómo es posible que ese sujeto continúe dando tan grotesca función, sin que lo detengan, destituyan o recluyan?







