
Carlos Salas Silva
Me he tenido que levantar y pegar un grito para que los vecinos apaciguen los ladridos de sus perros y poder concentrarme en este escrito. Esa bulla, que a veces se torna insoportable sin permitir siquiera pensar, no es diferente a la que se genera cuando se enfrentan diferentes opiniones sobre temas políticos, lo que no ocurre si hablamos de culinaria o de gustos estéticos, por poner dos ejemplos. Esos perros que ladran lo hacen porque sí y porque no e incitan a los otros para que hagan parte de su infernal coro. Hasta a mi gentil Choco, que hace parte de las que rara vez ladran, la vi enfrascada en intercambios de ladridos con los perros vecinos para lo cual he tenido que volverla a domesticar, cosa que le agrada haciéndome recordar las palabras del zorro al principito: "No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero si me domésticas, nos necesitaremos el uno al otro. Serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo."


