Jorge Enrique Pava
La desesperanza se está apoderando del país. Volvimos a ese estado de angustia permanente que no se respiraba desde la época de Pablo Escobar (¡Sí!: el Pablo Escobar aliado del M-19, grupo criminal de donde emergió Petro), y en el cual nadie sabe el sitio de la próxima bomba, ni donde será el próximo atentado terrorista. Volvimos al Estado fallido con un presidente que se declara impotente para defendernos y prefiere develar sus complacencias con el terrorismo, renunciando a cumplir los mandatos constitucionales; un Estado donde los valores se trocaron y tiene más derecho un delincuente que una persona de bien; donde se legisla para favorecer la criminalidad y donde los propósitos del gobierno nacional están encaminados a generar impunidad, lavar los crímenes atroces de quienes trabajaron desde las cárceles en su campaña, y a financiarles, con nuestros impuestos, las actividades a esos grupos criminales que viven del narcotráfico, el secuestro y la extorsión.
