
Rafael Rodríguez-Jaraba*
Contrario a lo que se esperaba, la contingencia sanitaria que padecemos, antes que ayudar a descongestionar y agilizar la administración de justicia, la hacinó, haciéndola más lenta y tardía. Si bien el Gobierno ha irrigado cuantiosos recursos para adecuarla al uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), el resultado alcanzado es discreto y desalentador.