
Luís Alonso Colmenares R.
Discúlpeme, señor gobernador, pero ya es hora de pasar de la imagen al cumplimiento de la palabra. El puesto 25 del Índice Departamental de Competitividad (IDC) con un puntaje de 4,23 sobre 10, es mucho más que una estadística desfavorable: es el reflejo de un fracaso institucional que se ha perpetuado durante décadas. Este indicador, sumado a los niveles de pobreza multidimensional que afectan a casi el 40% de la población, evidencia una paradoja dolorosa: un territorio con ventajas competitivas, recursos naturales abundantes y una ubicación geográfica estratégica, pero sumido en la escasez y la desesperanza, porque la bonanza de recursos no se traduce en bienestar para la gente. La explicación la ve un ciego: la corrupción sistémica y la incapacidad institucional han desviado los recursos que deberían resolver los problemas de la gente.