
Ernesto Macías Tovar
No confundir el deber patriótico con la complicidad política.

Ernesto Macías Tovar
No confundir el deber patriótico con la complicidad política.

Ernesto Macías Tovar
Colombia es observada con recelo por la comunidad internacional.

Ernesto Macías Tovar
Hace ocho días, cuatro colombianos fueron asesinados en Palestina, Huila, y seis más resultaron heridos. El país se estremeció: los medios nacionales lo titularon, algunos editorializaron y

Ernesto Macías Tovar
Lo que hoy padece la nación, cuando aún faltan once meses para que concluya “la horrible noche”, es la devastación de un país.

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No me refiero a la campaña presidencial de 2022 de Gustavo Petro, ya de por sí la más onerosa de la historia y en la que, según el Consejo Nacional Electoral, se violaron los topes de financiación en más de 3.500 millones de pesos. Hablo de la verdadera campaña política más costosa y descarada: la que inició Petro el 7 de agosto de 2022, cuando llegó a la Casa de Nariño no para gobernar, sino para incendiar al país con fines politiqueros, usando como combustible los impuestos de los colombianos.

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Del mismo autor de “yo no lo crié” surgió la frase: “El Cartel de los Soles no existe”.

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Para asesinar a un político o a un líder social no basta un sicario. Siempre existen móviles, autores intelectuales, instigadores y determinadores. Lo advirtió el propio Gustavo Petro cuando era opositor: “si alguien crea el ambiente propicio, otro aprieta el gatillo”.

Ernesto Macías Tovar
Quienes hemos defendido la independencia de poderes, y en especial de la rama judicial, no dejamos de sentir desconcierto ante el llamado “juicio del siglo”, por el tortuoso camino al que fue desviado un proceso iniciado por el político vivo más influyente del país. Lo que comenzó en 2014 como una denuncia del expresidente Álvaro Uribe Vélez contra el senador Iván

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“Ningún negro me dice a quién nombro”. Con esa frase brutalmente racista -que en cualquier otra democracia habría bastado para exigir la renuncia inmediata del presidente-, entre otras, Gustavo Petro apareció la noche del pasado 15 de julio en un nuevo monólogo de cinco horas que pasará a la historia como una mezcla tragicómica de egolatría, paranoia y descomposición personal de un mandatario, transmitido por todos los canales de televisión.

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Por más que intentemos no caer en el juego de Gustavo Petro -quien, desde que asumió la Presidencia, ha impuesto su propia agenda-, resulta inevitable confrontarlo. Día tras día, el mandatario pone en entredicho la institucionalidad y amenaza la estabilidad del Estado. Y frente a esa realidad, no queda más opción que hacerle frente con firmeza, por el bien de Colombia.