Eduardo Mackenzie
Tras su ridícula y solitaria gesticulación en la asamblea general de la ONU, Petro optó por continuar su huida hacia adelante. Envuelto en un pañolón palestino, salió al día siguiente con megáfono en mano para arengar, con gafas negras, como un Santrich revivido, a un puñado de activistas.