Eduardo Mackenzie*
El gran esfuerzo mediático de Gustavo Petro es ahora diluir y borrar el crimen de retención y/o secuestro de los magistrados que trabajaban en el Palacio de Justicia de Bogotá. Él espera poder transformar ese gravísimo episodio del 8 de febrero en una bagatela: “No fueron secuestrados, nadie salió herido” justificó el ocupante de la Casa de Nariño ante la prensa. Petro llegó a calificar de “decente” lo que hicieron los energúmenos ante la sede de la Corte Suprema de Justicia: “No hay más petición de los manifestantes que decencia”.