
Alexander Cambero
Las guacamayas no tienen barrotes que limiten su libertad. Sus alas extendidas en el cielo caraqueño son el dibujo perfecto donde la armonía humana puede exteriorizar los sueños de ser tan auténticos como ellas. Puedes estar quebrantando en la tristeza hasta que llegan con su plumaje hermoso y la alborotadora forma de hacer notar su presencia. Es una escena que se repite a diario en muchos hogares capitalinos. Son parte del inventario familiar que, en medio de las dificultades conocidas, se sobrepone a los peligros.