
Alexánder Cambero
El agua descendía tímidamente por el dorso azul de las gigantescas piedras. Las orquídeas colgaban de los árboles como envueltas en una procesión de aromas. Helechos con largas cabelleras verdes se zarandeaban por todo el camino. Aquello era una mágica moldura en donde la vida discurría plácidamente. Desde las entrañas de las minas de Aroa, brotaba un amarillento liquido con fuerte olor a azufre. La montaña estaba allí como testigo mudo de la explotación del cobre por parte de los ingleses. Así nació el ferrocarril Bolívar, como parte esencial en la transportación del mineral con destino al puerto de Tucacas. Los británicos fueron desapareciendo en la medida que el siglo XX se posesionaba. Hasta este santuario del estado Yaracuy, llegaron muchos venezolanos de diversas partes del territorio en la búsqueda de un sueño.