
Héctor Abad Faciolince
La primera reacción de Gustavo Petro a la salvaje invasión de Putin a Ucrania le salió del fondo del alma: “¡Qué Ucrania ni que ocho cuartos!”. Y le salió del alma porque sabía que esta asquerosa injusticia histórica (la agresión y destrucción de un país independiente y soberano) lo obligaría al fin a tomar partido y a revelar lo que es esencialmente: una persona, como Putin, de talante claramente autoritario. Egocéntrica, megalómana, sorda a toda prudencia, narcisista, resentida y capaz de cualquier pacto o voltereta ideológica con tal de llegar al poder para no volver a soltarlo por las buenas. Esta sangrienta invasión de Ucrania, esta guerra de la que es culpable un solo tirano sanguinario, Putin, ha obligado a Petro y al petrismo devoto a quitarse la máscara: ellos no están con la libertad, ellos no están con lo que entendemos como las más preciosas garantías del liberalismo, sino contra ellas.